“He aquí, el Señor DIOS vendrá con poder, y su brazo gobernará por El. He aquí, con El está su galardón, y delante de El su recompensa”. (Isaías 40:9)
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 II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
ENERO 20 DE 2019 – 
CICLO C

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías (62,1-5):
Por amor a Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi predilecta»,
y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá un esposo.
Como un joven se desposa con una doncella,
así te desposan tus constructores.
Como se regocija el marido con su esposa,
se regocija tu Dios contigo.
Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL 

 Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre.
Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor.
Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente».
Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

 

SEGUNDA LECTURA 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,4-11):

Hermanos:hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le ha concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas.
El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan (2,1-11):
En  aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

 

REFLEXIÓN

Que la semana que comenzamos venga cargada de bendiciones, nos sirva para renovar nuestros compromisos con la paz, la alegría y el amor y abra espacios de salvación para cada una de las personas con las que vivimos.

Leyendo el pasaje de san Juan (2, 1-11) podría decir que comienza la vida nueva de Jesús, en la que tomando cada día más distancia de la familia, se dedica a anunciar el Reino de Dios, a proclamar la buena nueva y a darse a conocer como La Palabra de Dios hecha carne. Ya Dios está con nosotros, camina con nosotros y hace parte de nuestra vida. Jesús es Dios y el misterio de su amor se va haciendo palpable en los signos que realiza.

Dios quiere sellar una alianza nueva y eterna con su pueblo, una alianza de amor fundada en la fidelidad, en la entrega mutua. Las bodas de Caná pueden ser también el signo de la alianza, de Dios que se une como el esposo a su esposa; como el amado que se entrega a la amada, como el salvador que carga sobre sí el pecado de quien amado es salvado.

Ha llegado el tiempo de Dios, el momento en el que Jesús se revela como lo que es. Tal vez María hace que la manifestación del “ser Dios” de Jesús se anticipe en el tiempo,  pero también es verdad que María es la única que hasta el momento sabe hasta dónde llega el poder de Jesús y ante una situación complicada que pasa la pareja de Caná, ella no puede quedarse sin interceder por ellos. Jesús no se niega pero María debe entender que definitivamente no son los signos ni los milagros la carta de presentación, sino más bien la predicación y el estilo de vida y de explicar la Palabra lo que debe hacer y forjar a los creyentes.  Y Jesús hace lo que la madre le pide y María nos invita a que nosotros hagamos lo que Jesús nos dice.

Con el vino nuevo, que según el evangelista es el mismo Jesús, viene la alegría; la fiesta de la vida y del amor va adelante. Con el vino nuevo ya no existe el agua de la purificación porque el mismo Dios ha transformado la vida. Ya con su presencia todo queda purificado, lavado; todo se hace nuevo. El milagro es un signo que nos muestra a Jesús que es el vino nuevo que cambia la vida, la llena de alegría y colma las necesidades que había quitado la paz del corazón. Jesús es la razón para que la fiesta siga y la alegría desborde la vida.

A muchos de nosotros, como a la pareja, se nos acaba el vino sin darnos cuenta. Han sido muchas las personas que han entrado a nuestra casa, a nuestra vida, a nuestra fiesta y nos han dispersado de tal manera que no supimos cuando se nos acabó el vino. Y ya no queremos dar, no queremos abrir, no queremos ayudar. Hemos perdido la alegría, vinieron las burlas y las críticas que nos acabaron interiormente. La fiesta de la vida, el vino de la alegría se nos acabó. Por eso hagamos aquello que María aconseja, hagamos lo que Jesús nos dice, vaciemos de las costumbres y tradiciones la vida y llenémosla de la novedad del Evangelio, de la Buena nueva de Dios, hagamos que el reino llegue a nuestra vida. Jesús hará que la alegría, la risa, la paz y el amor regresen a nuestra vida, a nuestra casa.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, OCD

 

OREMOS


Oremos para que sepamos vivir siempre
en el amor de la alianza con Dios.
(Pausa)
Oh Dios, siempre fiel y lleno de amor:
Tu Hijo Jesús compartió con gente ordinaria
la alegría de una boda, en Caná.
Prepara la mesa para nosotros
y regálanos el vino sabroso de tu alianza,
atráenos más cerca hacia ti
y envíanos a acercarnos más a los hermanos.
Enciende nuestros corazones con tu mismo amor.
Haz que nuestras vidas se conviertan en fiesta,
canto sin fin de alegría y alabanza
dirigido a ti, nuestro Dios vivo,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.


CANTOS

OLVIDO DE LO CREADO   OLVIDO DE LO CREADO