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Lectio Divina Dominical

SEGUNDO  DOMINGO DE ADVIENTO 
DOMINGO 9 DE DICIEMBRE

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Isaías (40,1-5.9-11):
«Consolad, consolad a mi pueblo, –dice vuestro Dios–; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos –ha hablado la boca del Señor–.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.»
Palabra de Dios

   SALMO RESPONSORIAL

SALMO 79

R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro (3,8-14):
No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá. Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables.
Palabra de Dios

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,1-8):
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Palabra del Señor 

REFLEXIÓN

Mantengamos viva la esperanza…, el Señor no tarda en cumplir su promesa

La liturgia de este segundo domingo de Adviento nos presenta el anuncio que realizó Juan el Bautista de la llegada inminente del Salvador: «Detrás de mí viene el que puede más que yo». El Señor puede lo que nosotros no podemos, Él es el único y verdadero Salvador. De nuestra parte está el preparar su llegada, así como desde Antiguo profetizaba Isaías: «Preparadle un camino al Señor […]. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos».

Este tiempo es propicio para la espera de la salvación, una salvación que nos ha sido dada por medio de Jesucristo, pero que requiere nuestro consentimiento. Este es el tiempo para preparar el corazón, para aceptar la redención que el Señor nos ofrece, para reconocer la misericordia divina que se nos dona gratuitamente y como el salmista clamar: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Preparar el corazón, allanar los caminos de la autosuficiencia egoísta para la llegada del Señor es la actitud propia del que espera en Él. Juan el Bautista prepara la misión del Mesías, invitando a todo Israel a enderezar el camino, a una transformación de la vida, a una ruptura con la injusticia para transitar por los caminos de Dios, justo y fiel. Al igual que Juan el Bautista nosotros estamos llamados a preparar el terreno al que llega y anunciarlo a los otros. El que llega, Cristo Jesús, tiene por misión establecer la nueva alianza de Dios con su pueblo. Juan describe al que viene por comparación consigo mismo resaltando tres aspectos: su calidad («más fuerte»), su dignidad («no soy digno») y su actividad («bautizar con agua – con espíritu»).

La predicación de Juan el Bautista está aún dentro de las exhortaciones de la antigua alianza. Solo el que llega, Cristo Jesús, puede comunicar el Espíritu Santo que cambia nuestra situación de forma definitiva. Es el Espíritu de Dios el que transforma nuestra vida de injustica en justicia. Es la presencia del Señor entre nosotros quien verdaderamente puede cambiar nuestras existencias. De nuestra parte está mantener viva la esperanza en que «El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con nosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan».

Abramos nuestro corazón al Señor, eliminemos los obstáculos que impiden la acogida de la salvación que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo en el Espíritu, esperemos y apresuremos la venida del Señor practicando la justicia y la paz.

P. Jairo Gómez Díaz O.C.D

CANTOS TERESIANOS

Dichoso el corazón enamorado Dichoso el corazón enamorado

Traspasada Traspasada

Vivo sin vivir en mí Vivo sin vivir en mí

Nada te turbe Nada te turbe