“¡Gloria al Señor encontrado, Gloria al Dios de la alegría, Gloria al Amor más amado, Gloria y paz, Pascua y dicha! ¡Aleluya!”

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DOMINGO III DE PASCUA
Mayo 5 de 2019 – CICLO C

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PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles :

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: «¿No os hablamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.» 

Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.»

Prohibieron a los apóstoles hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Palabra de Dios

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SALMO RESPONSORIAL 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado 
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. 
Señor, sacaste mi vida del abismo, 
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Tañed para el Señor, fieles suyos, 
dad gracias a su nombre santo; 
su cólera dura un instante, 
su bondad, de por vida; 
al atardecer nos visita el llanto; 
por la mañana, el júbilo. 

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado



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SEGUNDA LECTURA 

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Lectura del libro del Apocalipsis (5,11-14):

Yo, Juan, en la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.» Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos, que decían: «Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.» Y los cuatro vivientes respondían: «Amén.» Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.

Palabra de Dios.

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EVANGELIO
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Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-19):

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. 
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.» 
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.» 
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?» 
Ellos contestaron: «No.» 
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» 
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.» 
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. 
Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.» 
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. 
Jesús les dice: «Vamos, almorzad.» 
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. 
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» 
Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» 
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.» 
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» 
Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» 
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.» 
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» 
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» 
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. 
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

PALABRA DEL SEÑOR.

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REFLEXIÓN

Estamos en Pascua, queremos descubrir la manera de experimentar a Cristo Resucitado y con la liturgia nos damos cita con Él junto al Lago de Galilea.

Miremos primero el trabajo que hacen los discípulos con una timidez irreconocible en Pedro que no es capaz de invitar a sus compañeros a pescar. Simplemente dice: voy a pescar. y ellos añaden también nosotros queremos ir a pescar. Trabajan toda una noche y se fatigan porque han vuelto a su labor inicial y de siempre que es pescar.  Pero hay una diferencia en este relato y es que en el grupo de ellos no está Jesús. Esa es la gran diferencia y que hace el gran llamado en este Evangelio.  Están sin Jesús.

Pero Jesús se hace el encontradizo al amanecer y les pregunta sobre lo que saben muy bien hacer y ellos con vergüenza le contestan que no han logrado nada a pesar de pasar toda la noche en ese empeño.

Es que noche en este Evangelio significa la ausencia de Jesús y por lo tanto se cumple lo que El había dicho: “sin mi nada pueden hacer”. Y Jesús es la Luz.

Allí al amanecer cuando llega Jesús y ellos lo ignoran empieza a cambiar todo.  Cuando Él con su Palabra viva les diga en la dirección en que deben tirar la red y ellos confiados en su voz lo podrán percibir y reconocer cuando sigan dócilmente las indicaciones y vean la cantidad de peces.  Es que sin la presencia de Jesús resucitado y sin su aliento y su palabra orientadora no hay evangelización fecunda.

La situación de no pocas parroquias y comunidades cristianas es crítica.  Las fuerzas disminuyen. Los cristianos más comprometidos se multiplican para abarcar toda clase de tareas: siempre los mismos para todo. Nos podríamos preguntar sobre nuestros esfuerzos y la búsqueda de rendimiento a cualquier precio.  Tal vez sea la hora de detenernos a cuidad mejor la presencia viva del Resucitado en nuestro trabajo pastoral y dejar que la Palabra de Jesús sea lo central y no nuestros discursos.

Pero viene todavía otra enseñanza más adelante cuando nos haga el interrogatorio sobre lo principal en que debemos gastar la vida. Es decir no sólo en amar sino en amarlo a él y desde Él amar a todos los que nos rodean y lo que hacemos en lo cotidiano.

Es por eso que la pregunta que le hace Jesús a Pedro se convierte también en un interrogante para cada uno de nosotros para que nos demos cuenta que la vitalidad de la fe no es un asunto de comprensión intelectual sino de amor a Jesucristo. De todas maneras: amar a Jesús supone siempre aventurarse a creer en el otro.  Y es por eso que la fe cristiana es un experiencia de amor. Por eso creer en Jesús supone más que “aceptar verdades” acerca de Él. Es el momento para convertirnos en verdaderos amantes en un mundo que parece ha olvidado el mandamiento del amor. Nos hemos llenado de broncas y odios que nos roban la alegría y la paz.

El amor a Jesús no disminuye nuestro amor a las personas por el contrario le da hondura a nuestra relación con los demás librándolo de la mentira y la mediocridad. Eso es lo que nos hace falta para vivir las relaciones con los hermanos y hacer comunidad.

Dejémonos preguntar por Jesús si le amamos y procuremos descubrir la novedad de la resurrección que nos trae ese interés de Jesús si de verdad le amamos.

Es en esta actitud cuando podemos salir a realizar nuestro apostolado y nuestro servicio eclesial del anuncia y del darnos con toda generosidad en el ministerio de mostrar a Jesús vivo y presente en la historia de hoy. Porque Él sigue vivo junto a cada uno de nosotros. Es por eso mismo que es el momento de la Iglesia para volver a tirar la red y entregar la Palabra del Señor para que siga dando su fruto en el mundo de hoy. Es decir: Es el tiempo de mostrar el sentido del verdadero amor a Jesús y a los hermanos. Él está Vivo.

P. Francisco Javier Jaramillo J. OCD


CANTOS

OLVIDO DE LO CREADO   OLVIDO DE LO CREADO