Madre Merceditas

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Todo por Amor

El Definitorio General de la Orden de Carmelitas Descalzos y los Señores Obispos de la Provincia Eclesiástica de Tunja, Han aceptado la petición de las Carmelitas Descalzas del monasterio de Garagoa – Tunja, para iniciar el proceso de Postulación para la causa de los Santos, etapa de Beatificación – Sierva de Dios, de la Madre Mercedes de Santa Teresita Reyes Sánchez, fundadora y priora del monasterio, fallecida con fama de santidad.

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Quienes hayamos tenido el privilegio de conocer personalmente a la insigne madre carmelita descalza, Mercedes de Santa Teresita Reyes Sánchez, hija de Teresa de Jesús, damos infinitas gracias a Dios porque nos permitió compartir de cerca con una mujer aguerrida, fervorosa, valiente, revolucionaria, evangélica, orante, carmelita y mística.

Es maravilloso que las palabras no alcancen a contener lo que en esencia es el ser humano y lo que Dios hace en él. Las palabras se quedan cortas para describir con alguna certeza quién era la Madre Merceditas. Solo nos queda, como diría Edith Stein: balbucir y callar. Es esta la actitud propia de quien contempla con tanta claridad la santidad de Dios  hecha vida, esperanza, acogida, sosiego, tranquilidad, confianza, paz, infinitud…

El Misterio nos sobrecoge y así también nos sobrecogió el misterio del amor que abrazó la vida de la Madre Mercedes. En ella, descubrimos el rostro, la figura, el abrazo, la oración, la presencia, la sonrisa, la picardía, la sobreabundancia de Dios desprendida por Teresa. Merceditas, como la llamábamos cariñosamente, fue un fiel reflejo de la santa Madre Teresa: graciosa, amable, tierna, acogedora, fuerte, valerosa, decidida, siempre por los caminos de Dios y cumpliendo lo que Dios quería y esperaba de ella.

Compartieron suertes y juntas, Teresa y Merceditas, se quedaron en algún camino, en el único camino posible para una Carmelita: el de Dios, el del amor, el de la entrega, el de la generosidad.

Vivieron, viviendo a Dios; amaron, amando a Dios; sirvieron, sirviendo a Dios; y, finalmente, ambas en un abrazo bendito, se encontraron en Dios.

La madre Mercedes de Santa Teresita nació en Tunja, el 18 de noviembre de 1930, fue bautizada cuatro días después en la parroquia de Santa Bárbara de la misma ciudad.

Hija de Pablo Alfredo del Carmen Reyes Corso y de Matilde Sánchez Salcedo, Merceditas fue la primogénita y única hija de dicho hogar, ya que cuatro hermanos fallecieron al nacer; fatal circunstancia que promovió  una  dedicación  absoluta a la niña por parte de sus padres y familiares, para  mantenerla con buena salud, por su  frágil condición física.

Sus padres la educaron con esmero. Estudió kínder y primaria en el Liceo Santa Teresita bajo la dirección de su tía Emita Reyes.

Hizo la  Primera  Comunión  el  16  de  julio,  fiesta  de  la santísima Virgen del Carmen, del año 1938. Cuenta la señora María Asenet Dueñas Ángel, quien fue su compañera de estudio, que para prepararse para el sacramento, se realizaban tres días de  retiros espirituales; una de esas  mañanas frías, mientras iban rezando el rosario de aurora, a las cuatro de la  mañana , vio que Merceditas caminaba descalza por la acera. La señora María, dice: desde entonces, Merceditas fue una  Santa descalza,  con  una  ternura,  una alegría  y  una sonrisa en su rostro que siempre la acompañó y cuando en el año 1974, después de 36 años sin verla, encontré que era una monjita feliz con una energía, un entusiasmo, una bondad y una alegría que siempre se reflejó en su rostro, entregando su vida al Señor.

Merceditas comenzó bachillerato  en  la  Normal  Superior  Femenina  y pasó después al Colegio del Rosario de las Terciarias Dominicas de Santa Catalina donde estudió hasta tercero, y luego tuvo  un profesor  particular  en  su casa.

Se dedicó al  aprendizaje  del  piano  desde  los  10  años. Asistió a la academia de manualidades del profesor José del Carmen Hernández, donde aprendió, entre otras cosas, repujado en cuero y cobre, encuadernación, costura, bordado y decoración.

Biografía Madre Merceditas

En la Iglesia de las Nieves, donde era catequista de los niños y ayudaba a la reconstrucción del templo vendiendo tintos a la salida de las misas los sábados y domingos, conoció al padre párroco Carlos María Carli, salesiano italiano, quien orientó y encauzó su vida al servicio de Dios.

A los 16 años se hizo miembro de la Acción Católica. A escondidas de sus padres, hizo todos los preparativos para ingresar a la comunidad de las Hermanitas de los Pobres. Cuando su padre se enteró, habló con  el  obispo Ángel María Ocampo Berrío para que no la recibieran por ser ella hija única; el mayor temor de sus padres era que la enviaran a Francia a realizar su información religiosa, con el agravante de no regreso.  Intentaron persuadirla, pero ella, en expresión de Teresa de Jesús, se negó a renunciar a su determinada determinación de consagrarse al Señor.

De nada le valieron los halagos, los placenteros viajes que le ofrecían a Europa, ni las lágrimas de sus padres para disuadirla de su vocación. Cuando estaba a punto de ingresar al convento de las Carmelitas Descalzas del Poblado en Medellín, sus padres le sugirieron el monasterio de Villa de Leyva, porque les quedaba más cerca para visitarla.

El padre Carli, sin que lo supiera Merceditas, escribió a la madre Margarita  María  de  San  Juan  de  la  Cruz (Castellanos), priora del Monasterio de Villa de Leyva, preguntándole si había una plaza libre para su dirigida, agregando: esa niña es una santica, no hace sino suspirar por su convento, tiene 22 años y está muy resuelta. A informes  solicitados  por  la  Madre  Margarita,  la  madre María  Angélica  de  la  Cruz,  superiora  del Colegio Nuestra Señora del Rosario, respondió diciendo:  es persona de admirables cualidades morales y suavidad de carácter. El salesiano Padre Bernardo Vélez R., entonces párroco de Las Nieves, escribió que es persona de admirables cualidades morales de las que ha dado prueba a través de sus actividades apostólicas como miembro que es de la Acción Católica de esta parroquia. El padre Carli la recomendó nuevamente con estas palabras: puede llegar a ser una santa Carmelita, cumplidora de todos sus deberes y que ciertamente sabrá corresponder a su santa vocación.

Cuando pidió los informes médicos, como era de salud tan precaria,  el  homeópata  que  le  practicó  el  examen  dijo: esta señorita parece hecha de desperdicios, con esta respuesta su padre Pablo se puso feliz: así de enferma no me la recibirán en ningún convento. Paradójicamente, desde que entró al monasterio hasta su muerte, podemos afirmar que gozó de buena salud.

Dueña de sí misma y de sus sueños, con la sonrisa que siempre la distinguió, Merceditas ingresó el 7 de diciembre de 1952 al Real Monasterio de San José del Carmen de Villa de Leyva. Realizó su Profesión Simple el 7 de junio de 1954 y la Profesión Solemne tuvo lugar el 7 de junio de 1957.

En el monasterio de Villa de Leyva, fue priora durante ocho trienios, para un total de 24 años al servicio de sus hermanas, en los que mostró la caridad perfecta con el deseo de que todas amaran a Jesucristo con determinación.

Cumplidos sus 76 años de vida, como buena hija de Santa Teresa de Jesús, el 28 de enero del año 2007 sale a fundar un monasterio en la ciudad de Garagoa – Boyacá, donde vivió hasta el 19 de mayo del año 2012 cuando volvió a la casa del Padre.

Dueña de sí misma y de sus sueños, con la sonrisa que siempre la distinguió, Merceditas ingresó el 7 de diciembre de 1952 al Real Monasterio de San José del Carmen de Villa de Leyva, cuya fundación se remonta al año 1645. Era priora la madre Margarita María de S. Juan de la Cruz (Castellanos), perteneciente a una ilustre familia de Tunja. Como dote aportó $2.000 que era lo que se exigía por entonces.

Fue muy bien recibida por la comunidad por sus valores personales que dejaban vislumbrar a una auténtica carmelita descalza, emprendiendo entonces la aventura divina de la santidad de que habla Santa Teresa.

La Orden del Carmen fue fundada a fines del siglo XII en el Monte Carmelo (Israel), pero en el siglo XVI Santa Teresa de Jesús introdujo en ella un movimiento nuevo conocido con los nombres de Reforma del Carmelo, Carmelo Teresiano y o Carmen Descalzo.

La vida de la carmelita descalza equilibra sabiamente la oración, la soledad, el trabajo, la vida comunitaria y el descanso. Cada día dedica dos horas a la oración personal, además de la liturgia de las horas y de otras prácticas piadosas. La  clausura es el lugar privilegiado para vivir la soledad y el silencio necesarios para la vida contemplativa. 

Tras seis meses del postulantado, la toma del hábito carmelitano fue un verdadero acontecimiento para la población que al ver los numerosos forasteros que se dirigían a la Capilla del Carmen se preguntaban qué sucedía. A las 7 de la mañana del 6 de julio de 1953 comenzaba la ceremonia ante la reja del coro bajo del presbiterio de la Capilla del Carmen en ceremonia presidida por el carmelita padre Andrés del Niño Jesús (Duralde) y predicada por el padre Carli.  Al final el padre Andrés hizo una reflexión sobre la misión de las carmelitas, centrada en la oración por la Iglesia y la humanidad.

La nueva novicia tomó entonces el nombre religioso de María Celina de Santa Teresita, nombre que hacia 1979, en razón de los cambios posconciliares, abandonó para reasumir el del bautismo. La ceremonia fue registrada en la revista El Carmen de Medellín. [1] En esta ocasión sus padres le entregaron el piano que tenía en su casa y un reloj de pared para la comunidad.

Desde que ingresó al Carmelo fue su maestra la madre Magdalena de Jesús Crucificado (Dulcey), mujer dotada de una recia personalidad y profunda vida interior; inteligente y culta, era por otra parte exigente con sus novicias. A la madre Magdalena sucedió en el cargo casi un año más tarde la madre Margarita María de San Juan de la Cruz y dos años después de nuevo madre Magdalena, para terminar con la hermana Antonia del Espíritu Santo (Grimaldos), religiosa muy virtuosa también y con un conocimiento muy vasto de la Orden.

Compañeras del año de noviciado y de los tres años siguientes de formación fueron las hermanas María de Jesús (Piñarte), Ana Dolores de Santa Teresa (Cruz), Rafaela de la Inmaculada (Poveda), Rosa del Carmen (Russy), María Inés de Sta. Teresita (Moreno), Cecilia del Sdo. Corazón (Suárez), Helena de la Cruz (Zambrano) y Lucía de San José (Londoño).   

El tema que por entonces se estudiaba durante este tiempo de formación era el de la legislación de la Orden, que comprendía Regla y Constituciones, Ordinario o Ceremonial, Ritual de la Profesión e Instrucción de Novicias. Constituía un numeroso conjunto de normas rígidas e inflexibles que la Iglesia mandó reducir y actualizar en el Concilio Vaticano II, dando lugar a una legislación menos normativa y más espiritual.  

Para alimentar el corazón y la inteligencia se estudiaban las obras de los Santos Reformadores de la Orden, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; en los escritos de ambos encontraba la carmelita la doctrina que alimentaría su alma a lo largo de toda su vida religiosa.

Tras el año de noviciado, el 7 de junio de 1954 Merceditas hizo su Profesión Simple o Temporal. [2] La ceremonia se hizo en la sala capitular como estaba legislado en la época, en manos de la priora María Dolores de la Santa Faz (Gaviria) que había sucedido en el priorato a la madre Margarita desde el año 1953.

La Profesión Solemne tuvo lugar el 7 de junio de 1957, también en la sala capitular, en manos de la madre María Magdalena de Jesús Crucificado, priora desde el año 1956, y a continuación en la capilla del Carmen, ante numerosos familiares y público en general, se realizó la ceremonia de la Toma de Velo en la cual se cambió el velo blanco de las formandas por el velo negro de las profesas Solemnes, con lo cual la incorporaba de por vida en la comunidad, participando desde entonces con voz activa y pasiva en todo los asuntos graves de la comunidad. Presidió la ceremonia el padre Eladio de la Virgen del Carmen (Pareja) y predicó el padre Carli.

Ya podía entonces exclamar con el Místico Doctor del Carmelo:

Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya solo en amar es mi ejercicio. [3]

La vida contemplativa no exime en absoluto del trabajo inherente a toda institución religiosa desde la iniciación de sus miembros, aunque corresponden a las profesas solemnes las mayores responsabilidades. Y fue en esta última donde nuestra monjita comenzó a manifestar sus aptitudes naturales, de tal manera que parecía estaba hecha para ocupar los diversos oficios domésticos de un monasterio; los ejerció todos, desplegando sus habilidades con evidente buen gusto.

Era muy mortificada y no eludía el trabajo por pesado que fuera, así estuviera cansada. Y siempre estaba dispuesta a ayudar a las demás en cuanto la requirieran. El oficio que desempeñó por más tiempo fue el de enfermera, donde su trabajo fue de verdadera caridad heroica, especialmente con las religiosas terminales de cáncer.

No obstante, un oficio que no le gustaba era el de maestra de novicias, en el que estuvo una sola vez, desde marzo de 1975 hasta octubre del año siguiente en que fue elegida priora; tampoco le agradaba ser tornera o portera, porque la gente que la conocía la distraía con sus conversaciones.

Tenía particular ingenio para los arreglos, por lo cual cuando veía que a su compañera no le quedaba bien los que había hecho, le decía en forma muy peculiar para no hacerla sentir mal: no parecen hechos por Usted.

Un oficio especial que le encomendaron por muchos años fue el de arreglar la imagen colonial de vestir de la Virgen del Carmen que sale de la clausura a presidir las solemnidades del 16 de julio; inclusive se encargaba del mantenimiento de esos vestidos con adornos de oro que requieren manos muy expertas.  

[1] El Carmen, n. 21 (1953), p. 28

[2] La Profesión Simple o Temporal dura normalmente tres años, al cabo de los cuales se hace la Profesión Solemne. 

[3] Cántico Espiritual, 28

Desde su ingreso en la vida religiosa comenzó a recorrer el camino de la perfección de la mano de su madre y guía Santa Teresa, consistente en el doble mandamiento evangélico del amor. Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardáremos estos dos mandamientos, seremos más perfectas. [1]

Merceditas había ingresado al Carmelo, inspirada en Santa Teresita del Niño Jesús que le hizo ver la vida contemplativa como la plenitud de las vocaciones en el corazón del Cuerpo Místico de Cristo, que San Pablo describe tan bellamente en los capítulos 12-13 de su primera carta a los Corintos.

Tanto la Santa de Lisieux como el Apóstol le infundieron su pasión por la Iglesia, su ardiente amor a ella y donde realizaba su apostolado de trabajar por la gloria de Dios y la salvación del mundo a través de una vida dedicada enteramente a la perfección del amor.

Porque el amor lo llena todo, la misión de Merceditas radicaba en la oración y el sacrificio bajo los impulsos del amor a Dios y a los hijos de Dios. Centrada en el corazón de la Iglesia, estimulaba y alimentaba con cada latido de su corazón a los apóstoles que anuncian el Evangelio por toda la tierra. Este fue el secreto de su vida consagrada, de su misión en la Iglesia.

¡Cómo degustaba en la soledad de su celda aquella revolucionaria sentencia de San Juan de la Cruz: el más pequeño movimiento de puro amor es más útil a la Iglesia que todas las demás obras juntas! [2]

Fascinada por el amor, se enamoró cada vez más de Cristo, centro de los más tiernos afectos de su corazón. Para lograr sus anhelos de perfección Merceditas se inició en el Castillo Interior de su alma con una vivencia profunda del ideal teresiano.

Su intensa vida espiritual la llevó a hacerlo todo por AMOR. Había hecho el voto de hacer siempre lo más perfecto; voto heroico que hizo Santa Teresa y que pocos santos han hecho por lo que implica de renuncias y circunstancias tan difíciles de cumplir.

La caridad con los pobres era su lado flaco, decía. La bondad de su corazón la llevaba a ayudar a algunas familias con alimentación, vestido y hasta educación de los hijos, además de darles consejos oportunos. Con los trabajadores del monasterio era muy especial, no quería se les hiciera trabajar demasiado, cuidaba de su seguridad y mandaba les dieran alguna bebida especial para calmar la sed cuando hacían algún trabajo especial.

La caridad fraterna, como prueba y complemento del amor a Dios, le era connatural. Y lo recordaba frecuentemente a sus monjas cuando era priora, basada siempre en la doctrina de Santa Teresa.

Era este el aspecto comunitario en el que más insistía desde que fue elegida priora de la comunidad, como vemos enseguida.

Le obsesionaban las palabras de Santa Teresa a sus hijas: Aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar. [3] Así fue como llevó la comunidad a una intensa e envidiable vida fraterna. Lo que más la hacía sufrir era la mínima discordia entre sus hermanas, lo cual remediaba acudiendo a la oración.

Como priora visitaba a las enfermas a primera hora de la mañana y varias veces al día, así tuvieran una simple gripa, esmerándose porque nada les faltara. Las alegraba, pero sin consentirlas para no aniñarlas. 

Cuidaba mucho de que la alimentación de la comunidad estuviera bien preparada, muy balanceada, variada y bien presentada. La gustaba inclusive cocinar, aún mientras ejercía el priorato.

Para pedir la gracia de ser  fieles a la comunión fraterna compuso la siguiente Oración a la Sma. Trinidad, que rezaba ante la comunidad reunida y que sus monjas han continuado rezándola los sábados después del rezo litúrgico de Nona:

Trinidad Beatísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para fortalecer nuestra vida fraterna y con el fin de cumplir tu divina voluntad queremos hacerte una Promesa Solemne: confiadas en tu divina gracia, nos proponemos no hablar nada desfavorable de las hermanas. Evitando toda murmuración, no diremos en su ausencia lo que n o se diría en su presencia, y nos advertiremos mutuamente cuando sin darnos cuenta caemos en este defecto. Ponemos como intercesora a Nuestra Santa Madre Teresa para que, así como ella supo “guardar las espaldas de sus hermanas”, nosotras también tratemos de imitarla cumpliendo con fidelidad lo prometido. Todo esto lo colocamos en el Corazón Inmaculado de nuestra Mamá Linda, para que ella nos ayude en nuestros propósitos. Amén.   

Cuando la invitaron a dirigir unas palabras a sus hermanas en vísperas de su despedida para ir a fundar en Garagoa, dejó escrito en el “Diario” de la comunidad: recuerdo que les hablé de la fraternidad y que muchas veces les repetí de vivir siempre unidas. 

Fiel hija de Santa Teresa, como priora y fundadora se propuso cimentar las comunidades en la humildad, el desasimiento y la vida fraterna, a la luz de los quince primeros capítulos del “Camino de Perfección”. Ahí fue donde radicó su éxito en el gobierno de la comunidad pequeño Colegio de Cristo.

[1] 1 Moradas 2, 17

[2] Cántico 28, 2

[3] Camino 4, 7  

 

Una de las virtudes que más encarga Santa Teresa a sus hijas como fundamento de la perfección cristiana es la verdadera humildad. [1]

Merceditas, desde que leyó en su casa la “Historia de un Alma” tomó por guía a Santa Teresita y emprendió el caminito diseñado por la Santa para alcanzar la cima del monte de la perfección. Es el camino del amor que exige como fundamento, al lado de la confianza y el abandono en las manos de Dios, la virtud  de la humildad, virtud tan divina como humana.

Valoraba además como pocos la vida oculta de Jesús en Nazareth. Y la fiesta de la Sagrada Familia tenía para ella un encanto especial. No es que no entendiera los dones con que el Señor la había dotado, pero prefería vivir el misterio del anonadamiento de Jesús.

Ya anotábamos que cuando quiso ser Hermanita de los Pobres buscaba ser humilde para estar con los ancianos, estar con los ancianos para hacerles felices. Pero lo que no logró de inmediato, lo encontró con creces en el Carmelo.

 Al decir de Santa Teresa la humildad es andar en verdad. [2] Ese andar en verdad se manifestaba en Merceditas de una manera especial en ese atributo de la sinceridad con que se expresaba en toda ocasión. Lo revelaba en su imagen, en la conversación, en las actuaciones y decisiones, en todo en fin cuanto abarcaba su vida entera.

Siempre quiso vivir solo para Dios y por eso gustaba tanto de la soledad y silencio del Carmelo a fin de vivir en continua amistad con el Señor, dedicada a la oración, al sacrificio y al trabajo, pero lejos del mundanal ruido.

Su ideal era el propuesto por San Pablo a los colosenses: una vida escondida con Cristo en Dios. [3] Es el mismo ideal que llenó la vida de la oculta carmelita de Florencia Santa Teresa Margarita del Sdo. Corazón (Redi), cuya vida procuraba admiraba y quería imitar. Todo lo que tenía que ver con su persona lo mantenía celosamente oculto a las miradas ajenas.     

Al ingresar al monasterio sintió de inmediato que cambiaba la vida del mundo por la vida de Dios, y que Cristo la llevaba por la vida oculta que ha santificado a tantas almas en su carrera hacia la perfección evangélica.

Muchas fueron las ocasiones en que se nos ofrecen ejemplos de su humildad, como las que detallamos a continuación.

Cuando era celadora, oficio propio de las dos monjas que abren y cierran la  puerta de la clausura, no hacia ni disponía nada sin consultarle a su compañera, no obstante que ella sabía suficientemente lo quien había que hacer; lo hacía por humildad y en espíritu de fraternidad.

Soportaba humildemente las advertencias injustas que le hacía una de las monjas con frecuencia. Nunca contradecía ni discutía con nadie. Padecía en silencio y sufría mucho  porque era muy sensible, cualquier cosa la hacía sufrir.

Era notoria la actitud humilde con que se acercaba a los superiores mayores, al confesor, al director espiritual y a cuantos religiosos o laicos consultaba, tal como lo hacía Santa Teresa. Le gustaba consultar, pero lo hacía por humildad y hasta por animar al interlocutor más que por necesidad.

Sin hacer ostentación se la veía observar fielmente tanto la Regla como las Constituciones de la Orden que le iban indicando el camino de la fidelidad al carisma teresiano. Se formaba así el modelo de carmelita descalza del siglo XXI.

Cuando no era priora buscaba siempre el último puesto, inclusive cuando visitaban a la comunidad en el locutorio y aludían a ella directamente, respondiendo normalmente con breves palabras o con una simple sonrisa. [4]

Sin fingimientos de ninguna naturaleza, era una persona normal en su apariencia y en la realidad, aunque procuraba no sobresalir, ocultando tantas y tan bellas cualidades como poseía. Como quería ser la menor de las hermanas, todo lo hacía sin llamar la atención.

Nunca pretendió honores, y cuando le querían hacer algún homenaje procuraba disuadir a los organizadores, aunque a veces tenía que rendirse en aras de la caridad para agradar a los demás, como es el caso de la celebración  de sus Bodas de Oro de Profesión Religiosa.

Deseaba hacer los oficios más humildes en la comunidad, lo que le suponía un sufrimiento al tener que aceptar cualquier cargo que la distinguiera de las demás. Cuando se enteraba de que de nuevo iba ser elegida priora, pretendía renunciar y solo se doblegaba ante el director espiritual que la convencía de que no se podía negar a la voluntad de Dios que se manifestaba a través de sus hermanas, y aceptaba entonces para luego exclamar Solo por amor… con la confianza y la mirada puesta en el Crucificado.

En una ocasión en que sonaba su candidatura para presidenta de la Asociación de los Monasterios, no volvió a asistir a las asambleas electivas y delegaba a la primera consejera para que la representara.

Sus enfermedades las pasaba sin la menor queja, ocultándolas para no preocupar a sus hermanas y evitar se ocuparan de ella.

Al partir de este mundo se fue silenciosamente, sin despedirse, sin palabras de recomendación. Era el gesto supremo de su humildad que no le permitía creerse digna de redactar un testamento espiritual.

[1] Camino 4, 4

[2] 6 Moradas 10, 7

[3] Col 2, 2

[4] Locutorio en el lenguaje monástico es la sala de visitas.

El sentido de la vocación contemplativa de Merceditas lo hallamos en la oración. La oración es en efecto el carisma del Carmelo, su ser y su vivir. Es en la oración donde se vive el amor que define al mismo Dios, donde nos comunicamos con él y donde compartimos sus efectos con los hermanos.

Las constituciones de la Orden dicen: La vocación de las Carmelitas Descalzas es esencialmente eclesial y apostólica. El apostolado al que santa Teresa quiso que se dedicaran sus hijas, es puramente contemplativo, y consiste en la oración y la inmolación con la Iglesia y por la Iglesia, excluyendo toda forma de apostolado activo. [1]

¡Cómo resonaban en el alma de nuestra monjita aquellas palabras de Santa Teresa al contemplar la situación dolorosa de la Iglesia de su época: Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo… quieren poner su Iglesia por el suelo… Ayudadme a suplicar esto al Señor, que para eso os juntó aquí: este es vuestro llamamiento; estos han de ser vuestros negocios; estos han de ser vuestros deseos; aquí vuestras lagrimas; estas vuestra peticiones…! [2]

La vida misma de la carmelita es toda de oración. Tal es su apostolado, su instrumento de evangelización, su misión en la Iglesia y en el mundo. Juan Pablo II en su visita al carmelo de Lisieux en 1980 decía a la comunidad: Permitidme aseguraros – en nombre de la tradición constante de la Iglesia – que vuestra vida no solamente puede anunciar el Absoluto de Dios, sino que posee un maravilloso y misterioso poder de fecundidad espiritual. [3]

La oración que se practica en el Carmelo Teresiano es la oración afectiva, implantada por la Santa Doctora en su familia religiosa y que se caracteriza por ser un ejercicio de amor, un intercambio de amores entre Dios y sus hijos. Por eso la carmelita vive convencida de que es el amor de Dios y solo su amor lo que produce esa insospechada fecundidad apostólica, fiada en aquellas palabras categóricas de San Juan de la Cruz: Es más precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y más provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras  juntas. [4]

Puestos los ojos en Cristo, sin distraer la mirada en otra cosa, Merceditas contemplaba el universo entero y captaba los deseos de ese corazón divino sobre cada una de las criaturas. Ella le ofrecía a Jesús toda su vida para asociarse a la obra de la redención.

Como Santa Teresita, encontró su vocación al amor en el corazón del Cuerpo Místico de Cristo, de acuerdo con la descripción paulina que la Santa comenta ricamente en carta a su hermana María del Sdo. Corazón. [5] Y como ella, deseaba recorrer el orbe entero anunciando el Evangelio y haber sido misionera desde la creación del mundo hasta la consumación de los siglos.

Su recogimiento revelaba que vivía en la presencia divina. Bien pudiera decir con la carmelita de Dijon Isabel de La Trinidad: Dios es mi amigo en todo momento. [6] Centrada en este misterio de los misterios se familiarizaba con las Tres Divinas Personas y se entretenía en actos de amor, de adoración, de agradecimiento, de petición y de perdón.

Ordinariamente nuestra carmelita hacía su oración personal en su celda y algunas veces en la biblioteca, siempre que el Santísimo no estuviera expuesto. En el coro oraba normalmente sentada, muy recogida y casi siempre mirando al sagrario, o de rodillas en la banca y con la frente apoyada sobre sus dedos entrecruzados. Los días de retiro permanecía en su celda, de donde salía solamente para el rezo coral de las Horas litúrgicas y para las comidas.   

Sin embargo, le costaba mucho disipar el sueño y mantenía esa lucha, pero sin angustiarse. Consideraba que es un fallo de la naturaleza más que de la voluntad, que los apóstoles se durmieron en el huerto de los olivos y que la Santa de Lisieux, que padecía de lo mismo, escribía: Pienso que los niños agradan tanto a sus padres mientras duermen  como cuando están despiertos. [7]

En cuanto a la liturgia, se esmeraba mucho para que las celebraciones importantes, tanto las de la Iglesia como las de la Orden del Carmen (tomas de hábito, profesiones, etc.), se realizaran dignamente y con la solemnidad debida en cada caso. 

Para el adviento y la cuaresma hacía un programa especial, para vivirlos con intensidad y lo presentaba a la aprobación de su director espiritual. Además, se preocupaba por incrementar el silencio en la comunidad, que uno de los religiosos carmelitas les diera una conferencia y se leyera el mensaje del Papa alusivo al tiempo litúrgico correspondiente.

Tenía una confianza absoluta en el poder de la oración, como se ve por la siguiente frase que repetía con cierta frecuencia: La oración no se pierde. Pedía oraciones para que Dios le diera a ella y a las religiosas más amor por  él.

Su devoción predilecta era la Santísima Trinidad. En la exploración canónica antes de su profesión, manifestó su propósito de vivir en intimidad con Dios que consiste en vivir, dijo, la sociedad del Padre con el Hijo y en el Espíritu Santo.

Veneraba así mismo a Jesús Eucaristía, la Virgen del Carmen, San José, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Santa Teresita y la Beata Isabel de la Trinidad.

Su devoción a la Eucaristía era muy notoria. La presencia viva de Dios en el Santísimo Sacramento llenó muchas horas de su vida con sus frecuentes visitas y largas vigilias, así como su esmero en todo lo que se refería al culto eucarístico.

El carmelo de Villa de Leyva se ha caracterizado siempre por su talante mariano, ya que sus dos capillas han sido testimonios fehacientes de los milagros obrados por la Virgen bajo su doble advocación de Virgen del Carmen y de Mamá Linda. Desde febrero de 1980 la comunidad empezó a profundizar durante largo tiempo en el misterio de María a la luz de los documentos del magisterio eclesiástico; a consecuencia de ello Merceditas estableció la Hora Mariana mensual que la comunidad continúa celebrando los primeros sábados de mes y el Homenaje Mariano que una de las hermanas prepara para hacerlo los sábados al final de la recreación durante quince minutos. El 23 de octubre de 1985 presentó a la comunidad el programa del trienio que comenzaba con la siguiente frase clave: Somos una comunidad orante, eminentemente mariana, que vive en función del amor al servicio de la Iglesia.     

Las lecturas preferidas por Merceditas , aunque no era muy lectora, eran las Sagradas Escrituras y las obras de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, que citaba con frecuencia, Santa Teresita y la Beata Isabel de la Trinidad.

En los últimos años leía mucho los escritos de la Carmelita de Dijon, que la sumergían en la contemplación del misterio de la inhabitación divina de las Tres Personas de la Santísima Trinidad en el alma.

[1] Constituciones n. 126
[2] Camino 1, 5
[3] Acta OCD 25 (1980), p. 20
[4] Cántico 28, 2
[5] Ms. B, p. 269 ss.
[6] Carta 221 
[7] Ms. A, p. 230

La idea de fundar un carmelo en la diócesis de Garagoa partió del entonces canciller padre Carlos Hernán Bernal Dueñas, admirador y amante de la primacía de la vida contemplativa en la Iglesia, fruto sin duda de sus estudios de espiritualidad en el Teresianum de los Carmelitas descalzos de Roma en el año 2001.

Un día en que contemplaba la escultura de la Transverberación de Santa Teresa del escultor Gian Lorenzo Bernini, expuesta en la iglesia de Santa María de la Victoria de la Ciudad Eterna, se preguntó ¿Y por qué no tener un monasterio de carmelitas en nuestra diócesis? A su regreso le comunicó la idea a su obispo monseñor José Vidente Huertas V., quien le respondió que era una empresa muy costosa.

No obstante, Carlos siguió con su inquietud, e incluso le pidió a varias religiosas amigas que oraran por esta intención. Inesperadamente un día una señora que estaba en trámites de separación le ofreció una finca a buen precio, se lo comentó al prelado diocesano, quien le respondió ¿Y no le serviría para su monasterio?

El sacerdote se comunicó entonces por teléfono con la madre Merceditas, priora a la sazón del Monasterio del Carmen de Villa de Leyva, quien se sorprendió con la propuesta y le contestó que por una parte la comunidad nunca había pensado en una fundación y que había un grupo numeroso de monjas mayores y enfermas, aunque también tenían varias jóvenes, pero todavía en formación.

Al reflexionar la comunidad sobre las posibilidades y exigencias de una nueva fundación, se le respondió escribiera a otro monasterio. El 8 de septiembre de 2005 el padre se presentó personalmente en Villa de Leyva para insistir sobre su deseo. Y poco después llamó, insistiendo en que era una necesidad de la diócesis y que monseñor Huertas aceptaba complacido.

Mientras tanto se presentaron ciertos indicios de la voluntad de Dios. El 26 del siguiente mes de octubre de 2005 llegaba a Villa de Leyva el padre Luis Aróstegui, superior general de la Orden Carmelitana, que al ver una comunidad tan numerosa dijo Tenéis que hacer una fundación, cuya respuesta fue que ya la estaban pidiendo, a lo cual agregó: Tenéis todo mi apoyo y mi aprobación. Lo mismo sucedió el mes siguiente con el secretario general de misiones carmelitanas padre Dámaso Zuazúa y con  el visitador general padre Nicolás García que dejó escrita la propuesta en el acta de visitas del monasterio; luego se sumaron a favor los religiosos carmelitas de Colombia empezando por el provincial padre Jaime Palacio. Pero el mayor signo de la voluntad divina fue el comenzar a llegar inesperadamente al monasterio de la Villa un crecido número de vocaciones cuando hacía ya tiempo en que apenas se presentaban candidatas.

Con tales antecedentes el 2 de diciembre del año en mención, la comunidad reunida en capítulo comenzó a mirar el proyecto como una señal divina a la cual era imposible negarse. Y al ver que diez de las monjas se ofrecían voluntariamente, el 4 del mismo mes la fundación fue aprobada por unanimidad; noticia que se comunicó de inmediato al padre Carlos y el día 8, solemnidad de la Inmaculada, se recibió carta de monseñor Huertas en que pedía oficialmente la fundación.

Comenzaron entonces los viajes a Garragoa, ciudad de clima medio, situada en el hermoso Valle de Tenza, con una población de 16.195 habitantes y que Merceditas ya conocía por haber pasado vacaciones en casa de su tío paterno Juan Gabriel que residía allí.

El 13 de enero de 2006 la madre Inés y Merceditas, viajaron a  visitar al señor obispo, con quien en compañía del padre Carlos inspeccionaron diversos lugares para la construcción del monasterio. A solicitud de la comunidad hicieron un segundo viaje el día 21 del mismo mes con el padre Rafael Mejía para asesorarlas y escoger el sitio más apropiado, que resultó ser una colina a ocho cuadras del centro de la población hacia el sur, con unas vistas bellísimas sobre el extenso valle de Tenza. Varios viajes más haría Merceditas en compañía siempre de otra religiosa, para preparar la fundación.  

Otro signo de la voluntad divina fue la herencia de la señora Cecilia García Pineda, exreligiosa carmelita fallecida en California (EUA), que llegó providencialmente en el momento oportuno para comprar el terreno escogido para el monasterio.

El 10 de octubre de 2006 la hermana Inés de la Santa Faz (Vanegas) fue elegida priora, para suceder a Merceditas que llevaba dos trienios seguidos y por ley eclesiástica no podía prolongar el período. Y el 17 de noviembre comunicaba a la comunidad reunida en capítulo los nombres de las cuatro monjas que iban a preparar la fundación con su presencia orante en Garagoa: Mercedes de Santa Teresita (Reyes), María de Jesús (Piñarte) y María Claudina de San José (Salas); además María del Rosario de Jesús (Jaramillo) iría solo por algunos meses.

A Merceditas le costó aceptar el papel de fundadora y llamó a su director espiritual para contarle los motivos por los cuales no podía aceptar, siendo el mayor de ellos sus 76 años de vida; pero, analizadas las dificultades, aceptó con alegría y sometimiento a la voluntad divina este nuevo desgarrón de su corazón.

Llegado el momento, desprendida de todo y con el propósito de no regresar a su amado claustro de Villa de Leyva, escribió en el diario de la fundación: El corazón ya comenzaba a palpitar fuerte, pues no fue fácil este desarraigo de 55 años de vida en este amado monasterio que ha sido mi segundo hogar… Pensaba entonces en Abraham que cuando cumplía su misma edad había partido para una tierra nueva y agrega: ¿Cómo decir no al que tanto me ha  amado? Imposible. Además yo le había pedido que quería hacer algo por la Orden y por la Iglesia, pero nunca llegué a imaginar que fuera esta fundación.

En Roma el padre general de la Orden obtuvo de la Congregación de Religiosos la autorización pontificia. El rescripto lleva la fecha del 6 de septiembre de 2006 (Prot. n. 10367/2006) y  concede la gracia especial de poder recibir novicias y darles la profesión religiosa; sin embargo, la nueva comunidad seguirá dependiendo del monasterio fundador hasta tener monasterio propio para poder erigirlo canónicamente y gozar de autonomía absoluta.   

Entre tanto, a finales de 2006 se amobló una casa de propiedad de la parroquia, que la nueva comunidad recibió en comodato por cinco años. Ubicada en la carrera 8ª N°10-39, detrás de la catedral, allí se daría comienzo a la presencia orante del Carmelo el 2 de febrero de 2007; la fecha la señaló monseñor Huertas para coincidir con la apertura de los Treinta años de Erección de la Diócesis y con el II Centenario de la Fundación de la población de Garagoa.   

Y llegó la despedida de las hermanas de su comunidad que con su virtud y testimonio me han enseñado cómo ha de vivir la Carmelita descalza, escribió Merceditas. Ni para qué comentar esos momentos que dejaron ver lágrimas en sus ojos al cruzar la puerta de clausura. Más tarde en carta a una novicia de Villa de Leyva le decía: Es natural el sentir sentimientos encontrados en estas ocasiones ya que los lazos de amistad en las comunidades vienen de Dios, pero a Dios deben  volver cuando está El de por medio.

Y se lanzó a fundar en medio de muchas incertidumbres, pero también de muchas esperanzas. Y es que su confianza en la Providencia divina no tenía límites.

Con su fe, Merceditas supo unir su intensa vida espiritual con la simplicidad en el trato, gracias al exquisito don de gentes que El Señor tuvo a bien concederle.

El solo hecho de que haya sido priora en Villa de Leyva durante ocho trienios intermitentes y fundadora del Monasterio en Garagoa, nos habla de una monja Carmelita Descalza al estilo de nuestra santa Madre de Jesús, con determinada determinación. Tenía grandes cualidades humanas, inteligencia extraordinaria, capacidad de organizar, disponer y dirigir, alegría que contagiaba porque le venía de una vida de intimidad con Dios. Todos estos dones ella los supo poner siempre al servicio de la comunidad porque a ellos se juntaba su profundo espíritu de oración.

Era una verdadera contemplativa sumergida siempre en el misterio trinitario, por eso pudo escribir en el proyecto comunitario para el Carmelo de Garagoa: la comunidad Trinitaria será el modelo y ejemplo de la comunidad, es el mismo Jesús quien nos propone este modelo. Padre que todos sean uno como yo en ti y tú en mí (Juan 17,21), en el misterio trinitario las tres divinas personas viven en una comunión tan íntima que forman un solo ser, DiosEste es el ejemplo para la comunidad que tiene que trabajar para lograr un trato tan fraterno con las hermanas de modo que se pueda realmente decir: que son un solo corazón y una sola alma…

…No quiero que en el monasterio de Garagoa se imponga un régimen militar ,
sino un el servicio desde amor 

De Merceditas podríamos decir lo que el padre Jerónimo Gracián nos dejó escrito sobre Santa Teresa: Tenía hermosísima condición, tan apacible y agradable, que a todos los que la comunicaban y trataban con ella llevaba tras de sí, y la amaban y querían”. [1]

Poseedora de un humanismo de puro corte teresiano, supo unir su intensa vida espiritual con las virtudes sociales como verdaderas expresiones de la caridad fraterna. Al descubrir los más caros valores humanos, hacía de ellos un eficaz instrumento de apostolado, pues comunicaba a Dios en su conversación, a ese Dios que llevaba como incrustado en su diario vivir. Era ciertamente una mensajera viva de Dios para quienes tenía que tratar.

Con relación a dichas virtudes sociales, una de las religiosas apunta al respecto: yo creo que las poseía todas, con las que nos hacía la vida agradable a todas y a todos cuantos la conocían. Unía a la simplicidad de trato un exquisito don de gentes y una especial capacidad para relacionarse con todo el mundo.

Inclusive sabía sacar de todo lo moderno buenas lecciones para hacer más humana la vida, aceptando cuanto de práctico encontraba para el monasterio, como puede apreciarse en las instalaciones de la energía solar, en el teléfono celular al lado del fijo, en el televisor, en computador, en electrodomésticos y en la dotación de las celdas con baños individuales cuya idea era suya, aunque le tocó a la priora Inés de la Santa Faz su realización.

Sería prolijo enumerar tantos dones como poseía, razón  por la cual enumeramos tan solo algunos a continuación.

La veracidad y la sinceridad. Detestaba toda forma de engaño, como la mentira, el formalismo farisaico, el culto a la exterioridad, la singularidad, la esclavitud de la ley y la idolatría de las tradiciones, enemigas acérrimas de la transparencia en personas que profesan la verdad. Era un alma sedienta de la verdad.

La libertad de espíritu era uno de los valores más notables en ella. Obraba muy libremente ante las necesidades y circunstancias de la vida y así dispensaba generosamente de las normas tanto eclesiásticas como las propias de la Orden Carmelitana con esa elegancia y humildad tan notorias en ella, porque consideraba que la ley estaba al servicio de las personas y no lo contrario, según la consigna evangélica de que el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. [2]

Muy humana con sus hermanas y por otra parte muy exigente consigo misma. La afabilidad y sencillez en el trato con  los demás le llevaba por instinto a complacer y corresponder. Aunque de natural era afable, tenía muy presente la recomendación de Santa Teresa: Todo, lo que pudiéreis, sin ofensa de Dios, procurad ser afables. [3]

En cuanto a las amistades era notoria su acogida sencilla y afectuosa. Había algo en ella que atraía, seducía y convencía, por lo cual era aceptada con agrado por todos. Una de sus cualidades era la preocupación por la salud y bienestar no solo de sus familiares sino de tantas personas que le brindaban su amistad o simplemente conocía, aunque fuera solo por referencias.  

Siendo priora no quería que sus monjas aparecieran como súbditas, sino como hermanas suyas, tratándolas con la suavidad y el respeto que  merecían como hijas de Dios.   

Bien por su condición natural o por virtud era muy agradecida. No perdía ocasión de dar gracias y recompensar con oraciones a aquellas personas que ofrecían regalos, hacían atenciones o prestaban servicios a ella en particular o a la comunidad en general.  

Pero, una de sus mejores dotes fue la alegría. Nunca se la veía triste ni llorar, sabía ocultar o disimular males y preocupaciones. Su sonrisa, con una buena dosis de picardía, develaba la felicidad de que disfrutaba y por supuesto un gran sentido del humor. Era además muy buena conversadora.  

Tenía mucha gracia y facilidad para divertir a las hermanas en las recreaciones diarias de la comunidad y gustaba hacerles bromas. Promovía, organizaba y participaba en todo cuanto pudiera alegrarlas. No le importaba alguna pena que la embargara, como cuando murió su padre un 8 de diciembre; al acercarse la Navidad las religiosas no se atrevían a hablar de fiesta con un duelo tan reciente y más siendo ella priora, pero fue la primera que apareció disfrazada en la fiesta de medianoche de Navidad.  

Para Navidad precisamente tenía un gran repertorio para divertir a la comunidad todo el tiempo, desde la media noche hasta las 4 de la mañana, con comedias, disfraces, cantos, bailes, etc. Poseía un gusto y unas dotes especiales para disfrazarse y hacer diversos papeles en las comedias que se organizaban en las fiestas de la comunidad. Solo verla con los atuendos que se inventaba hacía reir antes de empezar a actuar.

Cuando tenía que hacer algún trabajo en compañía de otras hermanas, en alguna que otra ocasión interrumpía el silencio con alguna que otra palabra graciosa para alegrarlas y aliviarles la tarea.

Ya vimos antes cómo las enfermas se sentían felices cuando la nombraban enfermera, porque les alegraba la vida con sus chistes y la manera como les decía las cosas para que llevaran la enfermedad con más suavidad.

Poseía una excelente memoria y por eso en el kínder las maestras le encomendaban las comedias, recitaciones y demás obras artístico-literarias que se acostumbran en los establecimientos educativos.

Contaba con mucha gracia anécdotas de su vida, como cuando en cierta ocasión a la edad de cinco años la vistieron de ángel y al llegar el momento de empezar la función, como era tan puntual, salió a la carrera al escenario con un ala solamente, ya que su mamá no había alcanzado a colocarle la otra, provocando las risas del público, o como cuando durante la oración de la tarde, siendo novicia, entró un pajarito en el coro, comenzó a revolotear hasta que aterrizó en sus rodillas, lo atrapó con el escapulario y allí se estuvo sin hacer ningún ruido hasta que encendieron las luces; casi se desmaya del susto cuando vio que el supuesto pajarito era un murciélago, animal al que ella le tenía tanta repugnancia.

Cuando se le preguntaba por su salud, algunas veces su respuesta era divinamente, estoy vendiendo salud. Nunca se supo de qué sufría ese cuerpecito de estructura tan delgada y con un rostro permanentemente pálido.   

 [1] GRACIÁN J., Sermones, Obras del P. Jerónimo Gracián, Burgos, BMC, 1933, t. II, p. 499
[2] Mc 2, 27
[3] Camino 41, 7

Dios lo ha hecho, El ha sido el protagonista, las fundaciones de San José de Ávila y San José de Garagoa, ha sido una obra de Dios, una historia de gracias ininterrumpidas en medio de las contradicciones humanas.  Todo ha venido de Dios, ha sido El quien lo ha querido y lo ha hecho.

El Señor prepara en el corazón de Teresa y de Merceditas, de una forma muy eficaz y cercana la inspiración de fundar los monasterios de San José de Ávila y de Garagoa.

PARALELO DE MADRE TERESA Y MADRE MERCEDITAS

A la luz de la Llama de amor viva de San Juan de la Cruz, Merceditas suspiraba porque se rompiera la tela del dulce encuentro, por obra de la Trinidad. [1]

Se había ido consumiendo en el servicio a los demás y presentía ya su muerte, por la cual suspiraba; les decía a sus monjas: Ya cumplí mi tarea, solo quiero contemplar eternamente a la Santísima Trinidad. Esta no es mi casa, el cielo me espera.

El 11 de abril de 2012 llegaron de Villa de Leyva sus hermanos los frailes carmelitas a saludar por las fiestas pascuales. En la última conversación que sostuvo con el padre Rafael, sentados ambos en el corredor, accidentalmente la conversación cayó sobre el tema de la muerte. Al despedirse, de camino hacia la portería, Merceditas tomó del brazo al padre y le dijo: Yo me voy a morir muy pronto y Ud. me va a enterrar, sin que el padre le respondiera porque no creía fuera tan pronto.

Tres días antes de su deceso la llamó el señor obispo y le preguntó cómo seguía, a lo cual respondió: Monseñor, el fósil ya no se muere. Y es que desde que llegó de Villa de Leyva, tierra famosa por los fósiles, decía que les habían enviado a Garagoa un fósil viviente, un fósil que se mueve y habla.     

El 16 de mayo de  2012, fiesta del carmelita San Simón Stock, a Merceditas no se le veía bien. Sin embargo, como hacía todos los años, llamó temprano por teléfono a su antiguo director el padre Rafael Mejía O.C.D para felicitarlo por su cumpleaños, pero nada le dijo de sus males, limitándose como siempre a bromear.      

El jueves 17 de mayo, llega el doctor Porras a las 7:00 a.m. y emite el diagnóstico: problemas del páncreas.

Viernes 18 de mayo, la madre Gabriela (Vicaria) comunica la gravedad a la Asociación de los monasterios, a los fraile Carmelitas Descalzos, a familiares y amigos.  A las 7:00 p.m. la visita monseñor José Vicente Huertas V, quien le preguntó cómo se sentía, a lo cual respondió que mejorando, y al despedirse le dijo: Monseñor, el fósil ya no se muere, (dicha afirmación hacía referencia a que tenia claro que no moría sino que entraba en la Vida) tras lo cual el obispo dice que la veía muy lúcida. El padre Carlos Bernal, le hizo una oración de sanación y la ungió con el óleo de los enfermos.

Sábado 19 de mayo, día consagrado a la Virgen María y a San José, víspera además de la  Ascensión del Señor. A las 6:00, estando en compañía de todas las hermanas y la madre Clara Inés de la Eucaristía a la cabecera, Merceditas dobló la cabeza y expiró mientras tocaban el ángelus en la torre de la capilla. Consumida por el fuego del amor divino, voló al cielo con el ángel de la Anunciación a cantar eternamente las misericordias del Señor en compañía de la Virgen de Nazaret a la que tanto amó.

Sin haber pronunciado una sola palabra de advertencia, partió de este mundo sin despedirse, sin llamar la atención. Daba así un testimonio contundente de la vida oculta y silenciosa de Jesús en Nazaret que había sido su ideal.

Tras el reconocimiento del cadáver, el médico diagnosticó la causa de la muerte: Su problema era colangitis (inflamación e infección de las vías biliares). Se sospecha un carcinoma en la cabeza del conducto biliar.

La noticia se comunicó rápidamente por teléfono a monseñor José Vicente Huertas, quien llegó a las 7:00 a.m. para darle el pésame a la comunidad y ponerse de acuerdo para todo lo referente al funeral, y una hora más tarde los sacerdotes de la parroquia ofrecían un mausoleo en el cementerio y oraban ante el cadáver. Rápidamente también se comunicó el deceso a los monasterios y conventos carmelitanos, a los familiares y amistades, al tiempo que la emisora local la difundió por la comarca.

Al recibir la noticia de su muerte, el padre Rafael Mejía O.C.D. decía que en vez de rezar por ella, espontáneamente la invocó, pues no le cabía la menor duda de que había muerto una santa digna de los altares, y se sentía privilegiado por haber conocido hasta el alma a quien ha seguido invocando.

Arreglada con una corona de rosas en la cabeza,  una palma y azucenas en las manos, la colocaron al pie de la reja del coro, por donde desfilaron centenares de personas, muchas para agradecerle las oraciones con las que les había alcanzado una gracia de Dios. En el presbiterio apenas si cabía un ramo más de flores.

Domingo 20 de mayo, a las 3:00 p.m llega el padre Carlos Bernal, párroco de Guateque, a celebrar la Eucaristía; en la homilía dijo que él era el culpable de la fundación de este monasterio y recordó que lo había ideado desde que era estudiante en Roma.   

Lunes 21 de mayo, a las 9 a.m en la capilla del monasterio, monseñor Juan Vicente Huertas, presidió la Eucaristía que concelebraron los carmelitas Rafael Mejía Maya, Jorge Andrés Jaramillo, Jairo Ochoa, Arcesio Escobar Escobar, Gustavo Escobar Escobar, Wilson Darío Ossa, José Helí Osorio, Jairo Gómez Díaz y Richard Bayona, más los sacerdotes diocesanos padres Carlos Bernal y Wilson Castillo. También estuvieron presentes varias hermanas Carmelitas Descalzas, el Carmelo Seglar y muchos familiares. Invitado por el prelado, el padre Rafael Mejía, pronunció la homilía, en la que dio testimonio de Merceditas como la carmelita perfecta y reveló el gran secreto de que había hecho voto de hacer siempre lo más perfecto. 

Terminada la Eucaristía, el féretro fue conducido hasta la catedral, que estaba totalmente colmada de fieles. A la puerta esperaba el prelado diocesano, con quien concelebraron alrededor de 24 sacerdotes, entre carmelitas y diocesanos; estaban presentes la comunidad de las carmelitas, todas las religiosas de la Diócesis y algunas llegadas de Bogotá. La homilía la hizo el señor obispo y nuevamente el padre Rafael mejía dio testimonio de la santidad de Merceditas y su misión en la Iglesia de Garagoa.

Terminada la ceremonia, la caravana regresó al monasterio con el féretro sobre hombros de los novicios carmelitas, para ser sepultada en los  predios del monasterio y junto a la cerca de la clausura. El padre Jorge Andrés Jaramillo, superior del convento de  Villa de Leyva, bendijo la sepultura y celebró el rito de las exequias.

Cuando las monjas comenzaron a recoger las pocas pertenencias de la difunta, con la convicción de que después se las pedirán como reliquias, se sorprendieron al encontrar sobre la mesita de noche el nombre del señor Luis Alberto Alfonso y el número telefónico de su funeraria escritos por Merceditas, así como también un papel donde se lee Hago voto de hacerlo todo por amor.     

La comunidad ve los frutos de su misión, cuando aquellas personas con quienes Merceditas tuvo contacto, se acercan al monasterio a expresar la dicha de haberla tenido en esta tierra, a proclamar su santidad y a dar gracias por los favores que reciben por su intercesión. Y no rezan por ella sino que la invocan en sus necesidades. Ese cuerpecito hará milagros decía Santa Teresa sobre su compañero en la Reforma del Carmelo San Juan de la Cruz.

[1] Llama 1, 28; 2, 1

HOMILIA DEL PADRE RAFAEL MEJIA 21 DE MAYO 2012, EN LA EUCARISTÍA DE LAS 9:00 AM:

Conocí a Merceditas desde 1956, después de mí ordenación en España, cuando llegué a Bogotá, alguien llamó a Pablo Reyes.  A mí regreso a Leyva siempre fui muy amigo de sus padres Pablo y Matilde.

Fue la vida de Merceditas una vida privilegiada con muchos dones y una gran inteligencia.  Quiso ser Hermanita de Los Pobres.  Su director Espiritual descubrió su vocación contemplativa.  Asistía a su profesión solemne desde entonces empecé a relacionarme con ella.  Tenía una mirada sin mancilla.  Era una Santa.  ¿Cuáles fueron sus virtudes? Todas.

Se distinguió por su fidelidad a la Iglesia y a su vocación como Carmelita.

Amó entrañablemente a la Iglesia y se apasionó por el Carmelo de todo el mundo.

Pienso si el florecimiento del Carmelo ¿no será fruto de sus virtudes?

Tenía hecho el voto heroico de hacer siempre lo más perfecto y a veces “se veía a gatas” para cumplirlo.  Un signo de santidad era su alma siempre pendiente de Dios.  Fue una mujer que hizo mucha penitencia por la Iglesia y por la conversión de los pecadores.  En la noche hacía muchas horas de oración especialmente por la Iglesia y los Sacerdotes de ésta Diócesis.

Lo primordial para ella fue la oración, aprendió de Teresa como orar: una comunicación personal con Dios como con un amigo.  Era una mujer muy alegre, hace dos meses vine con los Novicios de Villa de Leyva y al despedirnos me dijo: “Usted va a venir a enterrar y muy pronto”.

El día 16 de Mayo me llamó.  Le pregunté ¿Cómo está? Y dos días después había volado al cielo.

TENEMOS UNA SANTA INTERCESORA EN EL CIELO, ESTÁ ORANDO ESPECIALMENTE POR ESTA DIÓCESIS DE GARAGOA.

Jesús también a ella le podría decir: “SI DIOS NO HUBIERA CREADO EL CIELO LO CREARIA POR TI”.

CUANDO SUPE DE SU MUERTE LO PRIMERO QUE HICE FUE INVOCARLA.

HOMILÍA DEL PADRE JOSé ARCESIO ESCOBAR, MARTES 22 DE MAYO DEL 2012:

“Ya toda me entregué y di…” Un día el Señor le regaló a Merceditas el don de la existencia y luego el de la vocación Carmelitana y ella fue haciendo un camino de ascenso hacia Dios y de búsqueda; bien podemos aplicarle las palabras del cántico de San Juan de La Cruz: “A donde te escondiste Amado… salí tras ti clamando y eras ido…”

Merceditas le buscó durante toda su vida, ella aceptó el llamado y siempre vivió en la fe, comenzó su búsqueda con un periodo muy corto en una experiencia sencilla de Dios que terminó con su noviciado donde pudo responder como Teresa de Jesús: “Vuestra Soy Señor para Vos nací, ¿qué queréis hacer de mí?”

Siempre fue un buscarle en fe, sin gustos, en una oración sencilla tuvo su experiencia de Dios, en una camino de fe que la llevó a hacer una gran contemplativa en la vida cotidiana, con su sencillez, originalidad y buen humor.

Este camino espiritual la llevó a vivir la experiencia de San Juan de La Cruz: “Olvido de lo criado, memoria del Creador, atención a lo interior y estarse amando al Amado”.

Tres características que podríamos ofrecer como síntesis de la vida de Merceditas:

  1. HERMANA EN EL SENTIDO PLENO, de todos, no sólo de sus hermanas, fue una Carmelita que vivió su experiencia de fraternidad en el Monasterio y fue abriendo sus relaciones con muchísimas personas que se consideraban sus amigas hasta convertirse en
  2. UNA MADRE para sus hermanas y para muchos, especialmente para nosotros los Frailes Carmelitas pues todos pasamos por el noviciado de Villa de Leyva donde vivimos por lo menos un año, y siempre todos descubrimos en Merceditas una Madre. Ella nos enseñó cómo ser Carmelitas. Esta ternura de Madre, la experimentó mucha gente del pueblo y de otros lugares, esta podemos decir que era su segunda característica muy relevante.

Lentamente de manera espontánea se fue haciendo todo un magisterio que hizo de Merceditas

  1. UNA MAESTRA; con su figura diminuta, nos enseñó a todos. Ella fue maestra no sólo de la vida espiritual sino de la vida cotidiana; con gran sencillez y sabiduría sabía iluminar y conducir a todos: pobres y ricos, ancianos, niños, monjas, frailes y laicos.

Merceditas fue para todos nosotros: HERMANA, MADRE Y MAESTRA, CON SU ALEGRÍA Y FOGOSIDAD.

 Su vida se transformó en Dios, se entregó totalmente hasta gastarse y consumirse.  Pasando a través de la noche oscura llegó a la plenitud de la luz en Dios.

Con el poeta místico San Juan de La Cruz podemos cantar aplicándole estas palabras: “Quedéme y olvidéme el rostro recliné sobre el Amado cesó todo y dejéme; dejando mí cuidado entre las azucenas olvidado”(Noche Oscura 8)

Como Abraham también ella a los 76 años escuchó estas palabras: “Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a una ciudad que yo te mostraré”.  Ella que quería vivir y morir en su monasterio de Villa de Leyva fue dócil a este llamado y vino a fundar este Palomarcito en Garagoa donde su vida se fue simplificando.

El día anterior a su muerte le pregunté por teléfono: ¿Cómo estás? – Mejorando.  Sí, “de bien en mejor” entró en la Gloria, así llegó al final de esta historia de amor.

Ella cocía y cantaba con el cántico espiritual y vivió de alguna manera con la noche oscura AMADA EN EL AMADO TRANSFORMADA.

la fama de santidad que ya tenía en vida la MADRE MERCEDES DE SANTA TERESITA REYES SANCHEZ, se difundió y se sigue difundiendo después de su muerte acaecida el 12 de Mayo de 2012. La sierva de Dios cuenta con numerosos devotos, tanto en su localidad y regiones cercanas como en otros lugares de Colombia. Toda su vida, tanto en el mundo como en el Monasterio fue de intensa piedad. Convencida de la fecundidad apostólica de la intercesión, se dedicó intensamente a la oración y el sacrificio por las necesidades de la Iglesia y las intenciones del Sumo Pontífice. La canonización de la sierva de Dios Mercedes de Santa Teresita (Reyes Sánchez) pensamos que contribuiría a intensificar la práctica de la oración entre los fieles, el amor por los pobres y una entrega total a Jesucristo, particularmente en la vida de los consagrados al Señor.

La madre Mercedes, gracias a una vida de oración fecunda y práctica de las virtudes, se ganó el cariño de sus hermanas de comunidad, familiares y laicos. Luego de su partida al cielo, muchas personas han pedido su intercesión y muchos son los favores que ha ganado de Dios.

TESTIMONIOS 

TESTOMIO EDMUNDO BARRERA TORRES


TESTOMONIO CELIO CIFUENTES BERNAL


TESTIMONIO ELICINDA ALVARADO DE SÁNCHEZ 


TESTIMONIO YAIR BLADIMIR DAZA QUINTERO


TESTIMONIO MATHIAS


 

Las personas que reciban algún favor de Dios por la intercesión de la Madre Mercedes, les agradecemos nos comuniquen al celular 3138190463 / 3002778309

ORACIÓN 

Señor Dios mío, Uno y Trino, que otorgaste a la Madre Merceditas una entrega generosa a la contemplación de tus misterios a favor de la salvación de las almas concédenos imitar su espíritu de caridad y la gracia que por su intercesión te pedimos… por Jesucristo nuestro Señor….

(Rezar un Padre Nuestro, Avemaría y Gloria) 

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