Entendemos por espiritualidad carmelitana una forma de sentir y vivir el evangelio desde determinadas premisas que nacen de la experiencia de los "grandes profetas" de la familia del Carmelo Descalzo: Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús, Isabel de la Trinidad, Teresa de lo Andes, Edith Stein, como son: la experiencia de Dios que lleva a descubrir al Dios interior y a dar un sentido teologal a la vida; la experiencia cristológica, que lleva al Cristo histórico del evangelio; la experiencia de la Iglesia, como pertenencia y preocupación por el bien de la misma.

Monticelo Casa De Espiritualidad - Medellín

La casa de espiritualidad Monticelo fue fundada en 1951,con el permiso del Arzobispo de Medellín, Monseñor Joaquín García Benítez. La inauguración se llevó a cabo el 2 de marzo de 1952,  en la casa familiar de la finca de la familia Estrada Gómez, llamada Monticelo, ubicada en inmediaciones del barrio el poblado.  Desde 1952, Monticelo ha albergado diferentes realidades de la Orden de Carmelitas Descalzos en Colombia: ha sido Seminario Menor, Postulantado, Centro de Promoción Vocacional, Aspirantado, Hospedería, Casa de Espiritualidad y Convenciones. Diferentes nombres, pero una sola misión, un solo objetivo: difundir, desde esta montaña de Medellín la espiritualidad del Carmelo Teresiano en los corazones deseosos del encuentro con Dios. Más de seis décadas después queremos seguir celebrando con el corazón lleno de gozo la gracia de Dios derramada en este lugar sagrado y en la vida de todos los que nos hemos acercado aquí a beber de la fuente inagotable del Carmelo.

*** Monticelo Casa de Espiritualidad, no sólo es un nombre, es el lugar donde nos identificamos como hermanos y amigos. Nos sorprenden sus jardines, nos acoge su plazoleta central, nos congrega su capilla, nos silencia su oratorio, nos calma el murmullo del agua, nos habla Dios... Son muchas las actividades: eucaristías, grupos de oración, retiros espirituales. Uno solo es el objetivo: formar familia, buscar la compañía del otro, sentirnos unidos, darle vida al Evangelio, ser “amigos fuertes de Dios”. Monticelo siempre te recibirá con una sonrisa porque en este pedacito de cielo Jesús nos sonríe haciéndose presente en todos aquellos con quienes compartimos la vida.

Dirección: Calle 10 A No. 22-6c-103. Barrio El Poblado, Medellín (Antioquia). Tel. (4) 311 44 44

Correo Electrónico: monticeloesespiritu@gmail.com 

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www.monticelo.org

Centro de Mística Edith Stein - Cali

CENTRO DE  MÍSTICA EDITH STEIN
PARROQUIA SANTÍSIMO SACRAMENTO "EL TEMPLETE"

Hace algunos años, el gran teólogo alemán, Karl Rahner, se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos es su “mediocridad espiritual”. Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es “seguir viviendo con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual”.
El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la “experiencia interior” de Dios. 
La sociedad moderna ha apostado por “lo exterior”. Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando lo que es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad.
Es penoso observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios, mientras nuestro corazón está ausente.
En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en  lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?
Acoger el Espíritu de Dios quiere decir dejar de hablar con un Dios al que casi siempre colocamos fuera y lejos de nosotros, y aprender a escucharlo en el silencio del corazón. Dejar de pensar a Dios solo con la cabeza, y aprender a percibirlo en lo más íntimo de nuestro ser.
Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, transforma nuestra fe.  Uno se sorprende cómo ha podido vivir sin descubrirla antes. Ahora sabe por qué es posible creer incluso en una cultura secularizada. Ahora conoce una alegría interior nueva y diferente. Me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna, sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del misterio de Dios.

 La “experiencia mística”: camino para el creyente del siglo XXI

 Es conocida la afirmación de Karl Rahner: “El siglo XXI será místico o no será” , al parecer parafraseando una frase atribuida a André Malraux: “El siglo XXI será religioso o no será”. En la medida en que se dejen atravesar y derribar por la irrupción del misterio de Dios, los creyentes aparecerán como testigos creíbles y su palabra será una con su vida. La universalización de la experiencia mística se encuentra ligada a la cuestión del lenguaje, tanto a la comunicabilidad de lo inefable por medio de la palabra humana, como  a la relación entre vivir y pensar, entre acción y palabra, entre experiencia y reflexión. A este propósito, al finalizar las Séptimas Moradas, Teresa invita al creyente a conformar “obras, actos y palabras…[1]” como fruto de la experiencia mística, de la unión amorosa con Dios. De igual forma, Teresa no solo es poseedora de las “gracias” que Dios le concede sino que también recibirá la gracia de poder entender dichas “mercedes” y comunicarlas[2].
A la hora del discernimiento de lo propio de la mística cristiana hay que elegir la vía del amor. De acuerdo con esto, para el cristiano, el criterio de juicio no es el grado de perfección alcanzado [según Paltón], sino el camino trazado por Cristo de amor a Dios y al prójimo. Para Teresa de Jesús, “perfección verdadera” y amor a Dios y al prójimo han de coincidir plenamente[3]. De aquí se sigue que la cuestión del lenguaje no se dirima para la mística cristiana en términos de dialéctica entre inefabilidad y comunicabilidad, sino en términos de acción ya que la cuestión no está en “pensar mucho sino en amar mucho…[4]” En el lenguaje místico de raíces bíblico-cristianas, la acción del amor siempre estará en el centro.
Sin la experiencia, el lenguaje carece de sentido[5]. Por lo tanto, el lenguaje ha de brotar de la fuerza de la Primera Palabra viva que es Dios y en cuyo hijo Jesús se hace Libro Vivo[6]. El lenguaje místico que se enraíza en la experiencia de Dios y que a ella retorna “transfigurado” es hoy por hoy un camino de vida y de renovada esperanza.
La fe subsistirá en tanto sea el fruto de una experiencia de Dios que haya brotado del corazón mismo de la existencia. De allí surgirá el lenguaje que la manifieste, comunique y realice. Velar para que la palabra conserve vivo el sabor del origen primigenio de la fuente es hoy misión urgente del teólogo, pero también de todo creyente, que debe ser hoy como ayer y como mañana orante, amante y actuante.

El místico nos acerca a lo incomprensible del “Misterio”

 Ningún místico ha podido asegurar al mundo más allá de toda duda que ha visto la Realidad última cara a cara, no importa cuán persuasivo sea el símbolo o la imagen literaria bajo la cual haya logrado objetivar su experiencia. Pero los informes que nos han ido ofreciendo los contemplativos extáticos a través de los siglos y de las culturas más diversas han sido dados, como recuerda con una extraña nota de certeza y de buena fe, y de alguna manera nos convencen que han alcanzado unos niveles de conciencia excepcionales, en los cuales han experimentado la transformación jubilosa en lo que los filósofos llaman el Absoluto y los espirituales Dios.
Aun a pesar de que la experiencia es insondable para la razón humana y trascendente para las capacidades expresivas del lenguaje, los místicos nos aseguran gozosamente una y otra vez que han participado de manera directa del Amor abismal que articula el sentido trascendente del universo: el objeto último del anhelo del hombre, lo único que puede satisfacer su instinto por el Todo, su pasión por la Verdad. La certeza de la unidad armonizante que subyace a la multiplicidad de lo creado no es, sin embargo, susceptible de verificación científica o racional. Para colmo, el místico que  logra establecer esta relación consciente con el Absoluto se encuentra ante otro escollo comunicativo insalvable: sabe que la trascendencia lo sobrepasa y a la vez lo incluye, que el contemplador se convierte en lo Contemplado [el amante se convierte en la cosa amada –como dirá San Juan de la Cruz-] y participa, sorprendentemente, de su Esencia infinita.
Oh quanto e corto il dire, gemía Dante en el canto XXXIII de su “Paraíso”, aceptando que le era imposible decir algo de aquel Amor que movía el sol y las demás estrellas. Y opta por terminar apresuradamente su Commedia, para quedar a solas con la experiencia abismal. El súbito silencio en el que se ensimisma el poeta florentino es elocuente: la soledad del místico es, como decía, conmovida, María Zambrano, “una soledad sin compañía posible, una soledad sin poros, una soledad incomunicable, que hace que la vida sepa a ceniza”.
Muchos extáticos auténticos  han acometido, sin embargo, la empresa imposible de intentar darnos alguna noticia del trance inenarrable que les ha sobrevenido. Sometidos a la angustia de saber que no les será posible jamás dar cuenta de lo que de veras les ha acontecido, porque es de suyo ininteligible y por lo tanto incomunicable, entreveran su literatura de referencias enigmáticas como el Todo y la Nada, la inmensidad y el vacío, la oscuridad total o la luz increada; o acuden a imágenes paradójicas como el rayo de tiniebla, el mediodía oscuro o la música callada o la soledad sonora. Lo único que estos espirituales extáticos logran compartir con el lector es su propio sentido de aturdimiento y su asombro irremediable.
Pocos místicos, sin embargo, nos dejan tan nostálgicos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Nos dejan con nostalgia de infinito, nostalgia del misterio, nostalgia de cielo, nostalgia de hombre, nostalgia de Dios…

Cuestión de experiencia interior más que de dogmas

 Llamo experiencia interior a un viaje hasta el límite de lo posible para el hombre. Cada cual puede no hacer ese viaje, pero, si lo hace, esto supone negadas las autoridades y los valores existentes, que limitan lo posible [en cuestión de fe yo soy mi propia inquisición, dirá Teresa y Juan de la Cruz afirmará que para el justo no hay ley porque él es su propia ley]. Por e hecho de ser negación de otros valores, de otras autoridades, la experiencia que tiene existencia positiva llega a ser ella misma el valor y la autoridad.
La experiencia interior no pudiendo tener su principio ni en un dogma [actitud moral], ni en la ciencia [el saber no puede ser ni su fin ni su origen], ni en una búsqueda de estados enriquecedores [gustos], no puede tener otra preocupación ni otro fin que ella misma.
 Entiendo por experiencia interior lo que habitualmente se llama “experiencia mística”: los estados de éxtasis, de arrobamiento…Pero pienso menos en la experiencia confesional, a la que ha habido que atenerse siempre. La experiencia mística es una experiencia desnuda, libre de ligaduras, incluso de origen con cualquier confesión.
La experiencia interior responde a la necesidad de ponerlo todo en tela de juicio. Esta necesidad funciona pese a las creencias religiosas; pero tiene consecuencias mucho más completas cuando no se tiene tales creencias. Las presuposiciones dogmáticas han dado límites indebidos a la experiencia mística: el que sabe ya, no puede ir más allá de un horizonte conocido. Y justamente el místico va mucho más allá de ese horizonte conocido para introducirse en el misterio o para permitir que el Misterio lo introduzca en el Misterio [En Teresa la experiencia de la Trinidad: Relación 16].
La experiencia interior conduce adonde ella misma conduce. No se deja llevar a ningún fin dado de antemano [sino a un lugar del sinsentido] Podemos decir que el “no saber” es su principio [V 18, 14.  En Juan de la Cruz: toda ciencia trascendiendo… en Edith Stein: nos falta el aliento y la palabra..] Esta experiencia nacida del “no saber” permanece en él. La experiencia interior es la puesta en cuestión de lo que un hombre sabe por el solo hecho de existir. El hombre no puede decir “he visto a Dios”. Solo puede decir: lo que he visto escapa al entendimiento.
Dionisio Aeropagita [siglo I. Discípulo de san Pablo. Obispo de Atenas]en su obra “los nombre divinos”, I, 5 escribe: “Los que por el  cese íntimo de toda operación intelectual entra en unión íntima con la inefable luz…no hablan de Dios más que por negación” Así sucede desde el momento en que es la experiencia interior la que revela y no la presuposición [ a tal punto que a los ojos del místico, la luz es rayo de tinieblas. Eckhart afirmará: Dios es la nada].
Lo desconocido no se hace amar antes de haber derruido en nosotros toda cosa, como un viento violento. No nos desnudamos totalmente más que yendo sin hacer trampas a lo desconocido. Es la parte de lo desconocido lo que da a la experiencia de Dios su gran autoridad.

La “experiencia” según Santa Teresa

¿Qué es la experiencia para Santa Teresa?, ¿qué significa conocer por experiencia?

Para Santa Teresa, experimentar consiste en probar en la propia vida, vivenciar un hecho hasta quedar grabado en las entrañas por la sucesiva repetición del hecho.  La insistencia con que repite que no dirá nada sin haberlo experimentado una y muchas veces delata por sí misma la importancia que concede a este tipo de conocimiento: “no diré cosa que no la haya experimentado mucho” (V 18, 8; C 2, 7; R 5, 1; V 22, 5).  Y cuando algo no lo haya vivido personalmente habrá sido comprobado por otros: “aunque no todo he experimentado yo, en otras almas sí lo he visto” (F 5, 1; C Pról. 3).  En este sentido la experiencia se presenta como prueba fehaciente de  la verdad.  Lo afirmado es verdadero porque se ha probado, “sé yo por experiencia que es verdad esto que digo” (V 27, 11; 6M 9, 4).  Por ello mismo el relato experiencial exige del interlocutor la credibilidad que merece la viviencia (V 22, 13).
La Santa considera que el lector será capaz de comprender el significado de sus escritos si ha vivido la experiencia.  Difícilmente entenderá quien no lo haya comprobado empíricamente: “Plega al Señor que atine a decir algo, porque es bien dificultoso lo que querría daros a entender, si no hay experiencia…” (1M 1, 9; 6M 6, 6).  Al menos pide que se tenga un poco de experiencia para poder comprenderla (V 12, 5).  Involucra al interlocutor  de modo que no puede permanecer en la neutralidad ante su obra.
Consciente de que no todos los lectores han pasado por su experiencia y que algunas de ellas son desconocidas para la mayoría (v 40, 8), con la misma fuerza invitará a que el otro se adentre en el camino espiritual que ella ha seguido para que pueda entenderle.  De este modo, la lectura se convierte en una permanente incitación para que el lector no se quede en la mera lectura.
El estilo coloquial de la Santa implica al otro, haciéndole salir de la indiferencia.  Quizás sea éste uno de los grandes atractivos de su obra, tanto para los creyentes como para aquellos  que no lo son.  El escalonamiento con que estructura sus libros más importantes en moradas, grados, aguas, etc, comprometen en el descubrimiento de hasta dónde puede llegar la experiencia.  Hay que llegar hasta el final para entender el principio. En este sentido la experiencia se convierte en mistagogía.

Características de la experiencia

 Ante la imposibilidad de definir lo que Teresa entiende por conocimiento experiencial examinaremos sus características.  Consiste en comprender el objeto comprobándolo desde las entrañas.  Por su carácter repetitivo, la acumulación de muchas de ellas afianzará lo experimentado, debiendo distinguir entre una esporádica y aquellas que se repiten frecuentemente.
Como conocimiento global y totalizante la experiencia es don de Dios y tarea del hombre. Las diferentes mercedes concedidas al hombre, y que éste capta conscientemente y posteriormente sabe expresar, le conducen a un mayor conocimiento de sí y de los secretos de Dios.  La praxis verificará la veracidad final de lo conocido.

Fe y experiencia

 La experiencia asume la fe.  El conocimiento por experiencia no es ajeno al acto de fe, sino que lo incluye.  La fe en el doble sentido de adhesión y confianza en un Dios personal, es indispensable para vivir la experiencia (1M 1, 4).  En consecuencia, el saber por experiencia incluirá el conocimiento por fe y creencia.  Quien no cree en el poder misericordioso de Dios y en la permanente actualidad de su relación con el hombre, se cierra a sí mismo la posibilidad de recibir las mercedes, porque sin creencia, la fe se debilita (6M 3, 7).
No puede haber experiencia sin fe y, al mismo tiempo, la experiencia alimenta, aumenta y fortalece la fe.  Incluso la misma fuerza de la experiencia es tan grande que conducirá a la fe al que no la tuviera (6M 4, 6).

 Verificación de la experiencia

 Por sí sola, la experiencia puede ser engañosa, ya que el demonio pude servirse de ella para introducirse y desbaratar la obra de Dios en el hombre.  La conformidad entre lo experimentado y el dato revelado (V 32, 17), la consulta a los maestros y la verificación en la praxis, son las tres maneras de discernimiento (V 40, 8; 10, 9; C 3, 4).  La relación con el Señor tiene que provocar obligatoriamente cambios en el ser humano para poder considerarla como verdadera.  Sin la praxis no pueden entenderse los efectos transformantes de la relación con Dios (V 21, 8).

Objetivo general

“Engolosinar almas para Dios”

 De la mano de los místicos carmelitas y de sus escritos, suscitar en el creyente una “real experiencia de Dios” que lo lance a la aventura apasionante  de “dejarse seducir” y ser “alcanzado” por él.

Objetivos específicos

 Contribuir a la formación de personas integradas y maduras en el campo de la experiencia mística, capaces de dejarse transformar por la experiencia de Dios y ser animadoras de otras personas y comunidades en el camino del crecimiento espiritual.

  • Encontrar la posición adecuada entre la reflexión teológica, la experiencia mística y la experiencia vital.
  • Favorecer la gestación de personas unificadas, aptas para discernir los signos de los tiempos y decididas a vivir y hacer crecer su experiencia de Dios bajo la acción y la fuerza del Espíritu en sus contextos cotidianos.

Metodología

 Clases presenciales que permitan el estudio serio y profundo de la figura y los escritos de los místicos carmelitas.

  • Realización de talleres, escritos personales o discusiones que permitan una mayor asimilación de lo compartido en clase.
  • Realización de un retiro semestral con temáticas definidas que se enmarquen dentro del calendario litúrgico y carmelitano.
  • Lectura concienzuda y pausada de los escritos de los místicos carmelitas

Misión

 Encaminar al creyente bajo el principio de la “experiencia mística” como fundamento de toda auténtica espiritualidad.

Visión

 El CEMES será referente arquidiocesano por la seriedad en la formación espiritual de sus feligreses y en la formación de líderes de la pastoral de la espiritualidad, teniendo siempre como referente a la mística carmelitana, reconocida en la Iglesia por su profundidad y avalada por la doctrina de grandes místicos y doctores de la Iglesia católica.

Público objetivo

Cualquier creyente que quiera reafirmar su fe y darle hondura a la luz de la experiencia mística carmelitana.

[1] 7M 4, 7

[2] V 17, 5

[3] 1M 2, 17

[4] 4M 1, 7

[5] “No diré nada que no sepa por experiencia…” Así de  contundente será Teresa de Jesús. [cf., CV Prólogo 3]

[6] V 26, 5 

Casa de Espiritualidad Nuestra Señora del Lugar - Bucaramanga

En la ciudad de Bucaramanga, se realizó nuestra última fundación el 12 de septiembre de 2010. Una casa del Carmelo Descalzo que nació con el deseo de brindar jornadas de oración y retiros espirituales. En la actualidad estamos trabajando para tener una nueva sede para los retiros con alojamiento. 

Capellanías
Hermanas de la Presentación (comunidad de La Turena y del Colegio de la Presentación)
Madres Carmelitas Descalzas
Colegio la Salle
Foyer de Charité (Casa de Retiro)

Grupos
Laicos Carmelitas
Carmelo Seglar (Sábados 4:00 p.m. )
Grupo de parejas
Orden de viudas
Movimiento Juvenil Carmelitano "MJC"
Movimiento Infantil Carmelitano "MIC" (Sábados 2:00 p.m.)
Grupo de Oración Teresiano "GOT" (Miércoles 7:00 p.m.)

Otras Actividades
- Retiros espirituales- Dirección espiritual.
- Charlas - Celebraciones.
- Clases de Santa Teresa 3 días a la semana para las madres carmelitas.
- Clases para algunas religiosas 3 sábados al mes.

Ahora en la nueva sede se trabajará la posibilidad de retiros con alojamiento para grupos pequeños por el espacio disponible.

Dirección: Carrera 34 # 11 – 33 B. Los Pinos
Teléfono: +57 (7) 699 87 73
Fecha de fundación: 12 de septiembre de 2010

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Casa Teresiana de Oración - Medellín

La CASA TERESIANA DE ORACIÓN, fundada el 13 de febrero de 1997 por iniciativa de las Madres Carmelitas del Monasterio de san José de la Mansión, en Medellín, Colombia, es un centro de Espiritualidad Teresiano-Sanjuanista, para el acompañamiento espiritual del carisma Carmelitano y con la presencia permanente de Jesús Sacramentado, laicos en busca de Dios a través de la espiritualidad del Carmelo; "La Casita" como la conocemos los miembros, es además, un espacio para retiros, conferencias, celebraciones litúrgicas y oración a cualquier hora del día, esto y más, dirigido siempre para la divulgación de la Doctrina Carmelitana y bajo el celo de la Madres del Monasterio con su oración y entrega, y la protección de la Reina y Hermosura del Carmelo, como lo es la Virgen del Carmen.

Padres fundadores son: Walter Benavides R, y Leomer Vásquez, y la han dirigido Carlos A. Monsalve, Hernado Alzáte, Victor M. Henao L, Alexis Tobón.

Actividades 
Día Hora Actividad Encargado
       
Martes 7:00 pm Comunidades GOT (Grupos de Oración Teresiana) Frailes Seminario Santa Teresa
Miércoles 7:00 pm Laicos Carmelitas Frailes Seminario Santa Teresa
Jueves 5:30 pm Adoración al Santísimo Sacramento Seminaristas
Jueves 6:30 pm Eucaristía Frailes Seminario Santa Teresa
 sábados   9:00 a.m. - 12 m  Escuela bíblica  Frailes Seminario Santa Teresa
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