DE LA INTIMIDAD CON DIOS AL AMOR DE UNOS CON OTROS

 

El Carmelo Descalzo cuenta con una gran riqueza y herencia que nos ha sido legada. Ya sea por nuestra Madre fundadora, Santa Teresa de Jesús, o por el deber que la Iglesia nos ha encargado, nuestro carisma nos impulsa a una manera concreta de vivir el seguimiento del Señor: tratar íntimamente con Jesucristo, de una manera familiar y coloquial; en otras palabras, vivir en una verdadera intimidad y trato amoroso.

Dicho trato amoroso ¿dónde ocurre? ¿cómo se genera? Un primer acercamiento es en la intimidad; la cual se va sumergiendo en una soledad sonora, como lo indica Juan de la Cruz, hasta que, enamorados completamente de ese Dios, salimos al mundo a comunicar su belleza y su presencia resucitada.

 

Mas aun, la oración para el carmelita deja de ser simplemente palabras y frases; se convierte en un trato el cual es una acción ¿cómo? Este trato amoroso, se construye en nuestro diario vivir, las palabras, los hechos, los gestos, las acciones… el día a día se hace tema de conversación con ese amigo y confidente. Entonces, nuestra vida es la oración en la cual, coloquialmente nos presentamos a Jesús. Por ello, la intimidad vivida de un alma enamorada, el diario vivir, y la oración, son una misma cosa para el carmelita.

Ahora bien, ya habiéndose entregado por completo al amor de los amores, a su eterno enamorado, no le queda al alma mas que degustar y disfrutar de ese trato. Por ello, es el fuego del amor que lleva por dentro, que la enciende y quema, que la devora y la lanza a gritarle al mundo un amor tan grande; un misterio que se encuentra en el corazón. Un llamado a la eternidad, la plenitud, la intimidad; intimidad que es alimentada por el fuego y las brazas que ardieron hasta fundirse. Presencia viva y eficaz de Dios, antorcha que llamea en medio de la oscuridad del mundo. Mística y profecía, plenitud de amor que hierbe y conduce a una hondura encarnada. Intimidad que no es solo una soledad, sino una realidad existente que permite que caminemos por el mundo.

Ese trato intimo es una vida encarnada, entregada a Dios que se manifiesta amando al prójimo, un amor avivado que nos afirma en la trascendencia, en lo auténtico, que enaltece en todos ese Dios que nos habita. Si vivimos sumergidos en Dios, podemos ver el reflejo de Dios en el otro, desde el más cercano hasta el que vive en la periferia. Por ello, la misión en aquel que trata en lo íntimo con Dios es ser conducido a vivir de amor y morir amando a Dios en el otro.

Es triste ver tantas personas que dicen amar a Dios, pero ver que no aman a nadie más, que buscan el silencio porque la voz del hermano le es estridente, que no escuchan en ello el clamor y la trompeta profética del amor. Por eso, nuestra misión como carmelitas va dirigida al silencio amoroso, un silencio fecundo que grita con la vida el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. No es en vano las innumerables cartas de nuestros santos, Teresita, Isabel, Teresa, Juanita, Edith, Francisco, Juan… mujeres y hombres silenciosos, pero que no pudieron contener para sí ese amor que se les dio gratuitamente.

Por tanto, el silencio carmelita no es un mero silencio disciplinario, es un trato intimo con Dios que después de haber estado en lo profundo, se comunica al otro, en amor; amor que hemos aprendido en esa intimidad; es decir, no amamos porque lo sepamos hacer, amamos porque nos amaron primero y eso que hemos vivido lo comunicamos.

De manera que el carmelita orante y contemplativo no es aquel que se queda horas en silencio encontrándose solo a sí mismo; más bien, es aquel que, desde ese interior, tras haber tratado amorosamente con su Amante, sale de sí para encontrarse con el otro, con el Dios que le habita, el mismo Dios que contiene dentro. Mas aun, es desde aquí que empieza a conformar una vivencia profunda, no solo para él sino para todo aquel con quien tenga contacto. Por tanto, este es el aporte autentico del Carmelita, es aquel que es amigo del Señor, que le trata como amigo, como Dios, como Señor, como amante… y a la vez, comunica ese amor y derrama amor a los demás, construyendo así una mejor realidad, un amor fuerte que rompe todas las fronteras.

Fray Darwin Castro OCD

MI CASA SOSEGADA - P. HERNANDO URIBE OCD

¿Esclavo de mis esclavos?

Según el diccionario, esclavo es la persona que carece de libertad y derechos propios por estar sometida de manera absoluta a la voluntad y el dominio de otra persona que es su dueña y que puede comprarla o venderla como si fuera una mercancía. Y esclavo es también quien está sometido a un deber, pasión, afecto, vicio.

Existen dos casos de esclavitud que impresionan demasiado, María, la Madre de Jesús y Pedro Claver. Para ambos, ser esclavos fue la decisión que marcó el rumbo de su vida.

María, la Madre de Jesús, dio esta respuesta al saludo del ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Portentosa lección para todo ser humano, como lo podemos constatar con una admiración y gratitud que desborda el corazón, y que el creyente recuerda cada día al recitar el Angelus.

San Pedro Claver S.J. (1580-1654), español, se entregó a aliviar el sufrimiento de los esclavos de Cartagena de Indias, llamándose a sí mismo el “esclavo de los negros”, labor demasiado impresionante, pues hasta los teólogos de la época discutían si poseían alma. En medio de una atmósfera irrespirable, Pedro besaba las llagas de los esclavos y los bautizaba.

Los pecados capitales son modos cotidianos de esclavitud. Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza están, de una manera o de otra, en todos los lugares habitados por seres humanos. La codicia y la lujuria, ante todo, ejercen una esclavitud cada vez más avasalladora. Los estímulos sensoriales, cada vez más imprevistos, consiguen que el dios Dinero y el dios eros tengan su altar en cada corazón.

Hay un esclavo más insidioso todavía, el celular, que, entre todos los medios de comunicación, supera todo cálculo. Personas de todas las edades caminan sin rumbo por calles y pasillos, ajenos a todo lo que pasa a su alrededor por poner toda su atención en lo que ven y escuchan en él, aun renunciando a toda discreción. Aun sin darse cuenta, el hombre del siglo XXI se convierte cada día más en el esclavo de su esclavo.

El Creador le confió al ser humano la misión de dignificar, humanizar y aun divinizar el mundo en que vive, según el salmo octavo. “Hiciste al hombre poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies”.

Esclavo mío al fin, gobierno mi celular, no él a mí. Lo uso con maestría y discreción para que su respuesta sea siempre acertada y oportuna.

Juan Brahms (1833-1897), músico alemán de inmensa dulzura y profundidad, escribió: “Jamás me sentí abatido, jamás las penas me entristecieron. Las canciones más lindas se me ocurrieron cuando limpiaba las botas antes de amanecer”.

Hay muchas maneras de ascender. Una, sobreponerse a las desventuras de la condición humana. Quien así lo hace, como el músico alemán, participa aun sin darse cuenta en el asombroso acontecimiento de la Ascensión.

Ascensión viene de ascender, que es subir de un sitio a otro más alto. Asciendo cuando subo, cuando voy hacia arriba, cuando remonto, y remontar es superar obstáculos o dificultades, y también subir una pendiente o sobrepasarla.

Lo que pasa en el campo físico, geográfico, pasa también en el campo afectivo, espiritual. En todo ascenso corporal participa también el alma, y en todo ascenso del alma participa también el cuerpo. Entre ambos la relación es esencial y dinámica. Hacer el bien y evitar el mal es vivir la Ascensión.

Un vidente escribía en el silencio de la noche: “Sin irte te has marchado / de mí calladamente”. Sobrecogido por la inespacialidad e inefabilidad del misterio, el éxtasis no le permitió continuar su poema.

Otro vidente fue más atrevido. “Aquí quedó sonando el aire puro / cuando te fuiste, cadencioso dejo / hay en las lejanías del espejo / y suena como un arpa todo el muro”. El que se va, el que asciende, sigue presente de otra manera, suave, amoroso, silencioso.

Jesús es Dios que nace, vive, muere y resucita como hombre verdadero. Y al resucitar, que es alcanzar la plenitud de la vida divina, de la cual procede, dice a sus discípulos: “me voy para volver” (Juan 14,28). El que se va, se mantiene volviendo. Y cada uno percibe al imperceptible en la medida en que cultiva su corazón. Quien vive esta presencia invisible se llama místico.

En la Ascensión, Jesús no se ausenta, cambia su forma de presencia. Para él, que ha vivido en el tiempo y el espacio de los hombres, ascender es comenzar a estar presente de modo invisible e intangible en todo tiempo y en todo lugar.

La alegría que experimentaron los peregrinos de Emaús era plena garantía de esa presencia invisible, que los llevaba a preguntarse delirantes: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?” (Lucas 24, 32).

Dios es la altura, y quien cultiva la relación de amor con Él, participa de su vida divina, la Ascensión, el prodigio que pertenece a la trama de la vida cotidiana, consistente en hacer el bien y evitar el mal.

PUBLICADO EL 20 DE ABRIL DE 2018

San Juan de la Cruz (1542-1591) está en la cárcel. Allí lo guía la noche oscura “más cierto que la luz del medio día”, y por eso convierte aquel lugar de maltrato, abandono y desamparo en un laboratorio de sublime hermosura con tal desvelo que desconoce el sueño.

El prisionero hace de la palabra su amiga secreta que acaricia con loca pasión. Allí se dedica a juntar palabras, versos, estrofas y poemas como si fueran música, guardándolos en la memoria por carecer de papel y lápiz para escribir, milagro inimaginable aun para el lector menos sensible.

Quien lo lee se pregunta cómo es posible conseguir un lenguaje tan refinado. “¡Oh cristalina fuente, / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados / que tengo en mis entrañas dibujados!”. Sibarita habilísimo en hacer de la palabra el más deleitoso banquete de mente y corazón.

La poesía de San Juan de la Cruz es palabra de la Palabra, el Amado, pues como dice al comienzo del Cántico (1, 2): “El alma enamorada del Verbo Hijo de Dios, su Esposo, deseando unirse con él por clara y esencial visión, propone sus ansias de amor”. Hasta el más ardiente enamorado lo envidiará con loca pasión.

Sus versos conmueven a amantes y amados por igual. “Descubre tu presencia / y máteme tu vista y hermosura”. El místico siente la necesidad biológica de que su Amado se manifieste en todo su ser, alma y cuerpo. Y más cuando continúa así: “mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura”, pues la dolencia de amor es enfermedad que no se cura “sino con cosas conformes al amor”.

La Biblia no es propiamente Palabra de Dios, sino palabra humana que habla de Palabra de Dios, que es Dios mismo, como lo indica Juan al comienzo de su evangelio: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”.

La palabra ocupa el puesto capital en la creación, pues el hombre es palabra y cada cosa es palabra, y el Creador es la Palabra. De ahí que cultivar la palabra es la tarea de las tareas.

Cada palabra que pienso, pronuncio y escribo es transparencia de lo que soy. Mis palabras revelan la estatura de mi ser. Cuanto más me esmero en cultivarlas, más imagen y semejanza soy del Creador.

En cultivar la palabra el hombre del siglo XXI tiene en el poeta místico un precursor insigne.

 

 

 

 

 

MÚSICA CARMELITANA

AMOROSO LANCE AMOROSO LANCE 

ALMA BUSCARTE HAS EN MÍ  ALMA BUSCARTE HAS EN MÍ

ALMA BUSCARTE EN MÍ   ALMA QUE QUIERES DE MÍ

TRANVERBERACIÓN  TRANSVERBERACIÓN 

GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN GOZOS A LA VIRGEN DEL CARMEN

OLVIDO DE LO CRIADO OLVIDO DE LO CRIADO

NADA TE TURBE NADA TE TURBE

VIVO SIN VIVIR EN MI VIVO SIN VIVIR EN MI

TRANSVERBERACIÓN  TRANSVERBERACIÓN 

DICHOSO EL CORAZÓN ENAMORADO  DICHOSO EL CORAZÓN ENAMORADO 

ELEVACIÓN A LA TRINIDAD SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD 

 

DE BIEN EN MEJOR

De Bien en Mejor es una publicación privada de circulación bimensual escrita por  los frailes de la Provincia de Colombia, con el fin de incentivar la lectura comunitaria y conocer más de nuestra espiritualidad.

Dicha revista está a cargo de la comisión de animación pastoral de la Provincia.

Febrero - Marzo 2019

 

REVISTA VIDA ESPIRITUAL

La Revista vida espiritual, es un medio de evangelización de nuestra Provincia de Carmelitas Descalzos de Colombia. Tiene una circulación trimestral y su objetivo es dar a conocer la riqueza de nuestro carisma a través de temas espirituales que ayuden al crecimiento en la fe. 

Para más información entra al link:  REVISTA VIDA ESPIRITUAL