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29° Domingo del Tiempo Ordinario
Octubre 18 de 2026
Is 45, 1. 4-6
Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones
Lectura del libro de Isaías.
Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano,
para doblegar ante él las naciones
y desarmar a los reyes,
para abrir ante él las puertas,
para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre,
te di un título de honor,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10ac (R.: 7b)
R. Aclamen la gloria y el poder del Señor.
V. Canten al Señor un cántico nuevo,
canten al Señor, toda la tierra.
Cuenten a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.
V. Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.
V. Familias de los pueblos, aclamen al Señor,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor,
entren en sus atrios trayéndole ofrendas. R.
V. Póstrense ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Digan a los pueblos: «El Señor es rey:
él gobierna a los pueblos rectamente». R.
1 Tes 1, 1-5b
Recordamos su fe, su amor y su esperanza
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.
Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A ustedes, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de su fe, el esfuerzo de su amor y la firmeza de su esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él los ha elegido, pues cuando les anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Mt 22, 15-21
Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tientan? Enséñenme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
«¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
V. Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
La liturgia de la Palabra en este domingo, tomada del evangelista Mateo 22,15-22 nos invita a poner la mirada solo en Dios, reconociendo que lo que Dios ha creado es de su pertenencia. El profeta Isaías (45,1.4-6) nos muestra cómo Dios se vale de Ciro, rey de los persas, para liberar a Israel de la opresión en Babilonia. El apóstol Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses (1,1-5a) da gracias a Dios Padre por la manera como ha suscitado la fe, el amor y la esperanza en esa comunidad.
En la historia de salvación, pensar que Dios suscitaría a un liberador del pueblo a partir del pueblo opresor era algo descabellado. Ciro el Grande, el rey persa, con sus políticas revolucionarias viene a dar, como un elegido por Dios, la liberación a Israel: «Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes» (Is 45,1).
Aunque Ciro no conoce a Yahvé, el Dios de Israel quiere mostrar que solo Él es el verdadero Dios creador de todos los pueblos y que puede obrar la liberación de su pueblo a partir de un hijo del pueblo opresor.
San Pablo y sus hermanos Silvano y Timoteo, alaban a Dios por su manera como ha suscitado en la comunidad de Tesalónica las virtudes teologales, enfatizando en la elección divina a esa comunidad para la vivencia comunitaria de dichas virtudes. La respuesta de la comunidad a la elección divina se manifiesta en la aceptación del Evangelio que Pablo les predicó. Esa respuesta ha de ser también la nuestra ante la revelación de Cristo por el testimonio y la predicación de la Iglesia. La aceptación del Evangelio nos conduce a la vivencia en las virtudes teologales.
En el Evangelio, san Mateo nos propone centrar nuestra mirada en Dios y no en los falsos dioses que se inventan imágenes impresas en sus logos, sus monedas o billetes, en estatuas o en falsos cultos. Por eso la respuesta de Jesús, frente a quienes lo han puesto a prueba, cobra actualidad en nuestros días: «pues lo del César devuélvanselo al César, y lo de Dios a Dios» (Mt 22,21). La imagen del César acuñada en la moneda del tributo que circula en los tiempos de Jesús es prueba de la imagen de los falsos dioses creados por la idolatría humana. Por el contrario, Dios viene a reclamar lo suyo, su imagen impresa en el corazón de cada ser humano. Ese sello imborrable de Dios en cada persona por el solo hecho de ser criatura, de haber sido llamada a la vida. Dios viene a reclamar nuestra dignidad como personas, como seres creados a imagen y semejanza divinas.
Nuestra madre santa Teresa de Jesús nos invita a tomar conciencia de la gran dignidad del ser humano, seres habitados por Dios, por ese hermoso sol que nada ni nadie podrá quitar la hermosura de ese sol en nuestro interior (cf. 1M 2,3). De ahí que, nuestro castillo de cristal, habitado por este gran sol, tiene el objetivo de dejar trasparentar esa luz de ese sol hermoso que ilumina nuestro interior y resplandece todo nuestro alrededor, llamados a ser seres de luz habitados por el gran Sol.
Fr. Jairo Gómez Díaz, OCD.
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