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CORPUS CHRISTI
(Solemnidad)
7 de Junio de 2026
Dt 8, 2-3. 14b-16a
Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres
Lectura del libro del Deuteronomio.
Moisés habló al pueblo diciendo:
«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
O bien:
R. Aleluya.
V. Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sion.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
V. Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.
V. Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.
1 Cor 10, 16-17
El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor
Jn 6, 51-58
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
V. Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
PURIFICADOS PARA LA GLORIA DE DIOS.
Después de todo el recorrido que hemos tenido durante estos tiempos fuertes de la liturgia de la Iglesia desde el acontecimiento de la pascua, pasando por el Pentecostés y la Santísima Trinidad, en este Domingo se resalta el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que celebramos y conmemoramos como pueblo de Dios en cada Eucaristía. Pero antes debemos hacer una toma de conciencia de lo que significa para nosotros Sacerdotes presidir la celebración de este misterio sacrificial y lo que vale para el resto del Pueblo de Dios.
Los sacerdotes somos los encargados de hacer presente el cuerpo de cristo ante la asamblea para ofrecerse una vez más como sacrificio puro inmaculado y santo, participando al mismo tiempo como parte de este pueblo de Dios al que ha sido encomendado el cuidado de su caminar salvífico, que fue pagado con la entrega gratuita de Jesús en la última Cena, siendo su cuerpo la carne que nos nutre y su sangre el vino que nos sana y lava nuestras culpas.
En la liturgia de la Iglesia Jesucristo se hace presente haciéndonos participes de su propia glorificación. Siendo el centro de la liturgia la celebración de los sacramentos especialmente el eucarístico.
El concilio vaticano ll, en la constitución sobre la sagrada liturgia (Sacrosantum Concilium) en el numeral 10 nos dice: “no obstante la liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que todos, hechos hijos de Dios por a Fe y el bautismo, se reúnan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor… por consiguiente, de la liturgia sobre todo de la EUCARISTIA, mana hacia nosotros, como de una fuente, la gracia y con la máxima eficacia se obtiene la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios, a la que tienden todas las demás obras de la Iglesia como a su fin”.
Por lo tanto la celebración de este día debe ser un momento eterno de gozo y alabanza, porque seguimos siendo los privilegiados del Reino, al ser alimentados en nuestro caminar en la fe con el Cuerpo y la Sangre gloriosos de Nuestro Señor Jesucristo, el cual haciéndonos hijos por adopción, de igual manera nos hizo hermanos como Iglesia, para que juntos peregrinemos viviendo en paz y armonía, pudiendo llegar un día a la gloria eterna donde nos ha precedido el cordero inmolado que ha lavado con su sangre el pecado de la humanidad.
Fr. Luis Alberto Vergara Sánchez, OCD.
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