© 2026 Orden de Carmelitas Descalzos de Colombia
V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
09 de febrero de 2025
Aquí estoy, mándame
Lectura de Isaías. Is 6,1-2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Junto a él estaban los serafines, y se gritaban uno a otro diciendo: «¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!». Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo». Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame».
Palabra de Dios.
Sal 138(137),1-2a.2bc y 3. 4-5.7c y 8bc (R. 6a)
R. El Señor es sublime y se fija en el humilde
V. Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R.
V. Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R.
V. Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R.
V. Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R
Predicamos así, y así lo creyeron ustedes
Lectura de la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios. 1Co 15,1-11 (forma larga)
Les recuerdo, hermanos, el Evangelio que les anuncié y que ustedes aceptaron, en el que además están fundados, y que los está salvando, si se mantienen en la palabra que les anunciamos; de lo contrario, creyeron en vano. Porque yo les transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creyeron ustedes.
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor
Dejándolo todo, lo siguieron
Lectura del santo Evangelio según San Lucas. Lc 5,1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echen sus redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
V. Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
«Echen sus redes para la pesca»
Generalmente, este pasaje del evangelio se habla sobre la llamada de los primeros discípulos del Señor, que inevitablemente se da como una llamada del señor a cada uno de ellos. Pero quiero recalcar un elemento importante que el evangelista Lucas nos muestra en este pasaje: ¿qué importancia tiene para la construcción del texto que los discípulos estén lavando las redes? Siento que cuando leemos este pasaje pasamos por alto algo tan importante en la construcción y el mensaje que quiere trasmitir el evangelista: a sabes lavar las redes después de bregar toda la noche y no haber pescado nada, es el síntoma que pasa cuando los seres humanos nos pasamos lavando redes como sinónimo de fracaso de la vida. Es aquello que termina siendo el fracaso de haberlo intentado toda la noche (toda la vida) y no lograr pescar (metas) que cada persona se propone en su vida.
Cuando aparece Jesús en la historia de Simón y después en la de Santiago y Juan lo que significa en que ellos estaban disfrutando del dulce sabor de fracaso, y Jesús empieza a construir desde adentro un mensaje que empieza a darle sentido real a la vida.
Volver a tirar las redes, es volver a intentarlo, ahora de la mano de la palabra, de la mano del mensaje de Jesús. Ya la primera lectura del libro de Isaías (6, 1-2a 3-8) nos muestra el pasaje de la presencia de Dios como algo majestuoso, a veces inalcanzable por el ser humano. Por eso el ángel toca sus labios como señal de cercanía de Dios con los seres humanos.
El salmo 138 como una alabanza de aquel que ha tenido una experiencia personal con Jesús. Una experiencia que se entiende en esa acogida de Dios y la fragilidad del ser humano. Recordemos hermanos que el amor de Dios no depende ninguna condición personal que hayamos vivido. No hay condiciones para el amor. Somos los que somos y Dios desde la miseria y el pecado de cada uno nos abraza con amor de padre.
Volviendo, Pablo explica que la suma de sus errores no puede ser mayor que el amor de Dios. Por eso entender eso es entender el llamado de Jesús a unos pescadores, que hace posible que su amor trasforme. Bien dice los místicos el problema es que nos quedamos en el pecado y se nos olvida el amor de Jesús. Cuando nos dejamos amar por Él, hasta las faltas más pequeñas se convierten en la transformación de su amor.
Fr. Alejandro Restrepo, ocd.
© 2026 Orden de Carmelitas Descalzos de Colombia. Creado con ❤️ utilizando WordPress y Kubio