© 2026 Orden de Carmelitas Descalzos de Colombia
21° Semana del Tiempo Ordinario
24 de agosto de 2025
De todas las naciones traerán a todos sus hermanos
Lectura del libro de Isaías. Is 66,18-21
Esto dice el Señor:
«Yo, conociendo sus obras y sus pensamientos,
vendré para reunir
las naciones de toda lengua;
vendrán para ver mi gloria.
Les daré una señal, y de entre ellos
enviaré supervivientes a las naciones:
a Tarsis, Libia y Lidia (tiradores de arco),
Túbal y Grecia, a las costas lejanas
que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria.
Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.
Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor,
traerán a todos sus hermanos,
a caballo y en carros y en literas,
en mulos y dromedarios,
hasta mi santa montaña de Jerusalén
—dice el Señor—,
así como los hijos de Israel traen ofrendas,
en vasos purificados, al templo del Señor.
También de entre ellos escogeré
sacerdotes y levitas —dice el Señor—».
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor
Sal 117(116),1.2 (R. cf. Rm 15,16)
R. Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio.
O bien:
R. Aleluya.
V. Alaben al Señor todas las naciones,
aclámenlo todos los pueblos. R.
V. Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.
El Señor reprende a los que ama
Lectura de la carta a los Hebreos. Hb 12,5-7.11-13
Hermanos:
Han olvidado la exhortación paternal que les dieron:
«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor,
ni te desanimes por su reprensión;
porque el Señor reprende a los que ama
y castiga a sus hijos preferidos».
Ustedes soportan la prueba para su corrección, porque Dios los trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.
Por eso, fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes, y caminen por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Seño
Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios
Lectura del santo Evangelio según san Lucas. Lc 13,22-30
En aquel tiempo, Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.
Uno le preguntó:
«Señor, ¿son pocos los que se salvan?».
Él les dijo:
«Esfuércense en entrar por la puerta estrecha, pues les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, se quedarán fuera y llamarán a la puerta diciendo:
“Señor, ábrenos”;
pero él les dirá:
“No sé quiénes son”.
Entonces comenzarán a decir:
“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.
Pero él les dirá:
“No sé de dónde son. Aléjense de mí todos los que obran la iniquidad”.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero ustedes se vean arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Miren: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos»..
V. Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
“Hay últimos que serán primeros”
Lucas recrea la escena del evangelio en torno a una noticia de viaje (v. 22) en la cual se aborda el tema de la salvación. Mientras el Señor atraviesa por ciudades y aldeas enseñando, el evangelista puntualiza el objetivo de Jesús: Jerusalén. Las dificultades del camino o la oposición de los antagonistas en la primera parte del evangelio son el inicio del proyecto de la salvación del Hijo de Dios. De hecho, con el verbo “salvar” (σῴζω), el texto indica los efectos del anuncio que hace Jesús. Sin embargo, en esta ocasión, el verbo no está en labios del Señor, sino en los labios del personaje anónimo que pregunta por la salvación. El interrogante corresponde a la sensibilidad del mundo judío que indaga sobre las condiciones de la salvación: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (v. 23).
Para hacer entender que la salvación es un proyecto de empeño y determinación, Jesús recorre a la imagen de la puerta estrecha (στενῆς θύρας) que alude a un acceso difícil y arduo. La exhortación inicia con el verbo “esforzarse” (ἀγωνίζομαι), un término apropiado para recordar la ascesis cristiana. Así lo emplea, por ejemplo, el evangelista en el momento de la agonía de Jesús. De esta manera, más que hablar del sentido de una puerta estrecha, el evangelio indica la importancia de la exigencia personal para vivir la fe. La imagen de la puerta evoca una vía de movimiento para llagar a la salvación. Es decir, no se trata de un quedarse inmóvil para salvarse, sino de un ejercitarse en las obras como resultado del encuentro con lo divino y la comprensión del evangelio anunciado por Jesús. El trasfondo del evangelio presenta la invitación a vivir con honestidad la experiencia de la fe, pues, según el texto, muchos (πολλοί) intentarán hacerlo y no podrán (v. 24).
A la imagen de la “puerta estrecha” se une la imagen del “amo de la casa”. Se trata de un argumento propuesto para recordar la parábola de las diez vírgenes del evangelista Mateo (Mt 25,10-12). De manera inmediata, el texto enlaza con la fórmula del desconocimiento: “No sé quiénes son” (v. 25). Quedarse fuera es signo de la ausencia de la fe y la no aceptación del proyecto salvífico. Incluso, Lucas expresa que de nada sirve tocar a la puerta cuando no existe la disposición de entrar en el proyecto propuesto por Jesús. “Comer” (ἐσθίω) y “beber” (πίνω) son signos de familiaridad y comunión. Pero no todos están invitados a ser parte del banquete propuesto para la salvación. En otras palabras, no basta con escuchar la palabra de Jesús, es necesario tomar la decisión de seguirlo y hacer el camino con Él. En efecto, en conformidad con la parábola del sembrador, escuchar la palabra es condición indispensable mas no suficiente para ser un auténtico creyente.
Con el término “iniquidad” (ἀδικία), Lucas define los personajes como administradores deshonestos (Lc 16,8). La expresión, además, identifica a aquellos que no han entrado en el plano de Dios y, por tanto, no logran entrar por la puerta estrecha antes que ella se cierre definitivamente. El evangelio hace una propuesta de salvación recogida en la sentencia final. Dios llega para toda la humanidad de la misma manera, Él se muestra como padre a todos sus hijos. No obstante, solo aquellos que tengan la capacidad de abrirle el alma y el corazón alcanzarán el objetivo. La relación con Dios no surge de las apariencias, sino de un estilo de comunión y de una escucha atenta de la palabra que haga de la fe una auténtica presencia de Dios.
Fr. Víctor Manuel Henao , OCD.
© 2026 Orden de Carmelitas Descalzos de Colombia. Creado con ❤️ utilizando WordPress y Kubio