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LA SANTÍSIMA TRINIDAD
11° Semana del Tiempo Ordinario
15 de Junio de 2025
Antes de que la tierra existiera, la Sabiduría fue engendrada
Lectura del libro de los Proverbios. Pr 8,22-31
Esto dice la Sabiduría de Dios:
«El Señor me creó al principio de sus tareas,
al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remoto fui formada,
antes de que la tierra existiera.
Antes de los abismos fui engendrada,
antes de los manantiales de las aguas.
Aún no estaban aplomados los montes,
antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba,
ni los primeros terrones del orbe.
Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;
cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;
cuando sujetaba las nubes en la altura,
y fijaba las fuentes abismales;
cuando ponía un límite al mar,
cuyas aguas no traspasan su mandato;
cuando asentaba los cimientos de la tierra,
yo estaba junto a él, como arquitecto,
y día tras día lo alegraba,
todo el tiempo jugaba en su presencia:
jugaba con la bola de la tierra,
y mis delicias están con los hijos de los hombres».
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor
Sal 8,4-5.6-7.8-9 (R. 2a)
R. ¡Señor, Dios nuestro,
qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
V. Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado.
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R.
V. Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad;
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R.
V. Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar
que trazan sendas por el mar. R.
A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado por el Espíritu
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. Rm 5,1-5
Hermanos:
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
V. Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Seño
Lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá y tomará de lo mío y se lo anunciará
Lectura del santo Evangelio según san Juan. Jn 16,12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por decirles, pero no pueden cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que recibirá y tomará de lo mío y se lo anunciará».
V. Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
La Trinidad que habita y sana
En este domingo contemplamos a la Santísima Trinidad, acercándonos al misterio más hondo del cristianismo: un solo Dios en tres Personas; unidad perfecta en comunión absoluta. Casi siempre lo pensamos como un dogma abstracto, difícil de comprender. Así nos lo hicieron creer; sin embargo, no es un misterio incomprensible de Dios, sino todo lo contrario: Jesús nos enseñó esa unidad y ese amor entre los tres.
La película La Cabaña, basada en la novela de William P. Young, nos brinda una imagen sencilla y vivencial de ese misterio. Lo hace no desde una teología académica, sino desde el dolor humano, desde el trauma, desde la necesidad de perdón y redención. Creo que es la mejor clase de misterio de Dios que existe.
Mack, el protagonista, se encuentra con Dios en una cabaña, precisamente en el lugar de su trauma más profundo. Allí, el Padre es una mujer afroamericana maternal, compasiva y detallista. El Hijo es un joven sencillo, carpintero, lleno de ternura y verdad; y el Espíritu Santo, una presencia luminosa, femenina, sanadora, llamada Sarayu. Cada uno de estos personajes muestra una dimensión del amor divino. Pero lo más bello es que no actúan por separado: cada gesto del uno está sostenido por los otros. Es una danza de amor, una comunión perfecta que envuelve, sostiene, transforma.
Esta Trinidad, que se revela en el dolor de Mack, no es lejana. Es la misma Trinidad que Jesús muestra en las parábolas de la misericordia (Lucas 15). Allí encontramos tres historias que se conectan entre sí: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. Cada una de ellas puede entenderse como una imagen del actuar trinitario.
El Buen Pastor que deja las noventa y nueve para ir en busca de una sola oveja perdida es imagen del Hijo, Jesús, que asume la fragilidad humana, carga sobre sí nuestras heridas, y no descansa hasta traer de vuelta al rebaño extraviado, siempre brindando la mano cuando nos hundimos en nuestros miedos.
La mujer que barre la casa para encontrar la moneda perdida es una imagen maternal del Espíritu Santo, que ilumina los rincones ocultos, mueve lo inmóvil, enciende la lámpara interior y busca pacientemente lo que se había considerado irrecuperable. Limpia el jardín para dar orden a lo que está en caos.
El padre que corre al encuentro del hijo es el rostro del Padre eterno: generoso, compasivo, desbordante en amor, que no exige explicaciones, sino que abraza, viste, celebra, reconcilia. Es el que camina junto al hijo que tiene dolor.
Así, las tres parábolas cuando se leen juntas nos ofrecen una visión profunda de la Trinidad: el Hijo que busca, el Espíritu que revela, el Padre que acoge. No hay fragmentación en Dios, sino una unidad dinámica que se derrama en amor y misericordia. No importa si te perdiste por voluntad propia, descuido o por circunstancias externas: la Trinidad sale a tu encuentro.
Estas imágenes: la casa que es barrida, el hombro del pastor, el abrazo del padre, junto con la danza trinitaria de La Cabaña y la oración contemplativa de santa Isabel, nos revelan que la Trinidad no es un enigma intelectual, sino una comunión de amor que quiere habitar en nosotros. Solo sanamos, como Mack, cuando nos dejamos encontrar, abrazar e iluminar.
La Santísima Trinidad no es algo que se entiende solo con la mente, sino una comunión a la que se pertenece. Para vivirla, debemos dejar de actuar individualistamente y cultivar una mentalidad fraterna, viendo al mundo como una familia. Jesús nos enseñó a decir Padrenuestro desde un “nosotros” verdaderamente universal.
Fr. Daniel Macías Ramírez, OCD.
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