Semblanza de Santa Teresita del Niño Jesús

Breve reseña de Santa Teresita del Niño Jesús.

Teresita, nos maravilla saber que tu santidad, no se basa en fenómenos extraordi-narios.  Sino en “hacer de manera extraordinaria las cosas más ordinarias y co-rrientes”.  Igualmente, que la tierra verdeante que permitió que floreciera la peque-ñita flor blanca fuera tu familia.  Y así lo haces saber al mundo entero desde tu pequeña casa de Alençon -llena de amor familiar-, que te vio nacer.

Cómo no saber que a tus quince años ya toda eras del Carmelo. Sí, adonde “He venido para salvar almas pero, sobre todo, para orar por los sacerdotes.”  Y que cuando partiste para el Cielo aquel 30 de septiembre de 1897  ante tu comunidad, no asistieron al pequeño y frío cementerio de Lisieux más que 20 curiosos.  Pero mira que tu verdadera grandeza se mostrará al mundo cuando delante de 500.000, ya no curiosos, sino devotos, fuiste elevada a la Gloria de Bernini. Qué glorioso día para el mundo aquel 17 de mayo de 1925, pues fuiste reconocida co-mo la santa más grande de los tiempos modernos.

Eres la pequeña niña de Lisieux, Teresita de Jesús.  Fuiste grandeza siendo pe-queñez, por ello, a los brazos de Dios, así como el niño Jesús, te  abandonaste confiando en su amor. Oh Teresita cuesta entender que tu vida fuera completa-mente corriente, porque para nosotros, eres hoy, la Gran Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz. Además, conocida en el mundo entero como Patrona universal de las Misiones, Patrona de Francia junto a Santa Juana de Arco y gran Doctora de la Iglesia.

Eres la amiga de Dios. Por ello, dile oh Santa Teresita al Señor que nos ayude a ser pequeños como tú.  Desde tu vidita simple has dado al mundo gran lección de amor. Y hoy guías nuestros pasos por caminos de conversión.

Santa Teresita nos enseñaste a  todos los que queremos llegar a Dios: A ser hu-mildes, alegres, sencillos.  A ser tierra sedienta, sedienta de Cristo.  Ser manitas vacías como lo es un niño. A ser  espíritu inquieto que aun en lo cotidiano puede ver a Dios.  Y olvidamos que tu vida hubiera pasado inadvertida para tu familia, para tu entorno, para el Carmelo e incluso para tu padre espiritual.  Pero nunca para quien te llevó al Cielo en gran ascensor.

Pequeña carmelita, Santa de la Misión, desde tu claustro le gritaste al mundo en oración que lo más importante es la fe en Jesús.  Y tu fe en El fue tan grande hasta descubrir que es el verdadero amor.  En resumen, que Cristo es pasión y así, con palabritas sencillas, sin miedo y con audacia se lo hiciste a León XIII saber porque santa querías ser.

Dile oh Santa Teresita al Señor que nos llene el alma de fe en la oración. Almita simple y llena del amor sublime del Señor, para que como tú podamos amar y ha-cer amar al Amor y así, tomemos conciencia de que la confianza es la que hace milagros y nos acerca a Dios.